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Las ausencias de Uxue Barkos

Lejos quedan aquellos años de discursos y dietas de Uxue Barkos en el Madrid del zapaterismo, cuando su oratoria y su falta de experiencia parlamentaria era agasajada con premios y reconocimientos de todos los grupos políticos del Congreso de los Diputados. Seis años después, enfrascada ahora en los menesteres presidenciales de Navarra, la agenda política de Uxue Barkos tiene dos importantes páginas en blanco que coinciden con dos actos de enorme peso institucional y simbólico en nuestro país: el 12 de octubre, el Día de la Fiesta Nacional de España, y el 6 de diciembre, el Día de la Constitución.

¿El pecadillo humano de la pereza? ¿Falta de sentido de la responsabilidad política? A priori, ninguna de las dos posibles explicaciones parece encajar con la propia personalidad de la presidenta Barkos. En julio de 2015, ella misma reconocía ser consciente de que era una presidenta abertzale en una región no abertzale. Y esta es la clave para entender sus ausencias otoñales de octubre y diciembre.

            La presidenta de la Comunidad Foral se ha revelado como un ejemplo vivo y recalcitrante del célebre refrán de nuestra lengua “Donde dije digo, digo Diego” por una estrategia que transciende los límites de Navarra. Los gestos son comunicación y hoy en día la comunicación del mensaje es la piedra angular de la política. Si una foto vale más que mil palabras, lo mismo cabe decir de las ausencias en las imágenes que captan determinados momentos. Por eso, resulta muy ingenuo pensar que estas ausencias calculadas están orientadas hacia el electorado nacionalista del Cuatripartito.

En realidad, su objetivo no es otro que transmitir de modo muy claro al resto del país que Navarra is different. Desde su posición como máxima representante del Estado en Navarra, las ausencias de la presidenta Barkos expresan de modo rápido, sencillo y eficaz el mensaje de que Navarra es una Comunidad nacionalista que discrepa abiertamente del espíritu de país unido que es España. Es decir, el rodillo del pensamiento único nacionalista impone su marca en la comunicación del mensaje y en la imagen de la Comunidad Foral en España. La realidad es áspera. Pregunten a un extremeño, murciano o salmantino. Navarra wake up.




lengua

La lengua es la frontera

La lengua es el camino hacia la tierra prometida y, tanto se confía en ella, que se la considera el tótem de la vieja religión del nacionalismo. Los nacionalismos que poseen una lengua diferenciada avanzan mucho más rápido que los que no la tienen y esta carencia puede poner en peligro la ansiada meta de la independencia. En la práctica, es muy difícil desgajarse de una gran nación hablando la misma lengua. Cataluña no habría dado el paso que ha dado sin la lengua, sin el catalán.

Existe mucho interés en preservar las lenguas minoritarias como especies amenazadas del ecosistema político y social. Aquí en Navarra se trata del vascuence, del euskera en términos modernos. Para ello se recurre a la riqueza cultural ancestral, al derecho de las lenguas a ser habladas –como si las lenguas tuvieran derechos-, al vehículo de comunicación -como si con el castellano no pudiéramos entendernos-… Todos estos argumentos –excusas- no son suficientes para convencer a la gran mayoría de los navarros para abrazar el aprendizaje de la vieja lengua navarrorum. El aprendizaje del euskera es, además, de una gran dificultad.

En la sociedad actual del conocimiento, del progreso y de la globalización, las gentes prefieren gastar su cupo de aprendizaje de idiomas, en lenguas que le ayuden en la comunicación con gentes de otros países, de otras latitudes, priorizando especialmente las razones de tipo laboral. Casi siempre, se lleva la palma el inglés por razones obvias.

Ante estas circunstancias, el aprendizaje del euskera no avanza en la sociedad navarra al ritmo deseado por los planificadores del nuevo movimiento nacionalista –separatista-, viéndose obligados a poner en marcha estrategias que hagan que la gente se convenza del interés práctico de aprender la lengua. Y ya se sabe que no hay mayor interés que el laboral en una época en la que el paro es tan abundante. La estrategia que mejor funciona es la de ligar el conocimiento del euskera a la posibilidad –¿garantía?- de obtener un puesto laboral en la administración navarra, con el pretexto de que la sociedad navarra tiene el derecho de ser atendida en euskera –una vez más, como si no fuéramos capaces de entendernos en castellano…-. Es lo que se conoce como someter a la población navarra al chantaje del conocimiento del euskera para poder acceder a un puesto laboral en la ansiada administración, un puesto de funcionario, en definitiva, un puesto fijo.

Este chantaje emocional va dirigido fundamentalmente a los padres de los niños que tienen que elegir el modelo educativo para sus hijos, pues ya se sabe que los padres quieren lo mejor para sus pequeños y el futuro laboral es uno de los aspectos que más les preocupa. Aquí nace la verdadera cantera infantil para el estudio del euskera, de familias no alineadas con el movimiento euskaldún, pero que confía en el euskera como herramienta laboral. No son conscientes de que solo un pequeño porcentaje de los niños de hoy podrán optar a un puesto en el sistema público navarro del futuro. Les engañan.
Lógicamente, esta hoja de ruta tiene su culminación en los baremos que se elaboran para cubrir las plazas de funcionario en las oposiciones de la administración foral, donde la valoración del euskera es desproporcionada frente a los méritos de conocimiento de la especialidad objeto de la plaza, incluidos los idiomas extranjeros.

Pero no acaba aquí la discriminación positiva hacia el euskera, pues además se conceden ayudas y subvenciones para aquellos colectivos que “vivan en euskera”. Otro nuevo chantaje acompañado de discriminación social, que sale del presupuesto de todos los navarros.
Curiosamente, el mercado laboral externo a la administración, el de las empresas, que es muchísimo más elevado que el funcionarial, casi nunca demanda el euskera como mérito para obtener el puesto. Una prueba más de la superficialidad con que se alienta el desarrollo del euskera en Navarra
Muchos navarros se dan cuenta de las intenciones del cuatripartito -que gobierna la Comunidad Foral y el ayuntamiento de Pamplona- en un tema tan sensible como el euskera y se revelan contra ellas. Aunque parezca una obviedad, la gente no es tonta. Además, no les hace ninguna gracia que se empleen medios desproporcionados del erario público para el fomento forzado del desarrollo del euskera.

Con todo ello, se subvierten los dos objetivos nobles del aprendizaje del euskera: la riqueza cultural ancestral y la utilización como vehículo de comunicación, que saltan por los aires a cambio de conseguir el aprendizaje forzado del euskera, prometiendo el paraíso del mercado laboral.
Se trata de hacer públicos estos hechos que van en perjuicio de una gran mayoría de navarros. Y como lamentablemente esta deriva pro-euskera no se va a modificar, más al contrario, se va a acentuar en los próximos meses, los votantes navarros tendrán una razón más para elegir con conocimiento y responsabilidad el color de su voto en las próximas elecciones autonómicas y municipales (2019).

Una lengua tan bella como el vascuence que se ha hablado con normalidad en el tercio norte de Navarra, se quiere extender artificialmente por el resto de la Comunidad Foral. En el hipotético caso de que se consiga, el siguiente paso será utilizarla como vehículo para la construcción de la nación vasca, Euskadi y Navarra, para, una vez agrupados, se pueda dar el paso hacia la independencia de Euskalerría. Ese día, que esperamos que no llegue nunca, Navarra dejará de existir como tal y pasará a ser un ente menor de la gran nación vasca.

La lengua es el camino. La lengua es la frontera. La lengua es la nación. ¡La lengua es el euskera!

Sociedad Civil Navarra




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No estáis solos

La manifestación celebrada el pasado sábado en Barcelona en respuesta a los atentados del 17 de agosto tenía como objetivo expresar con absoluta rotundidad el rechazo de la sociedad catalana al terrorismo yihadista. Sin embargo, es obligado hacer una reflexión de lo que ocurrió antes, durante y después del transcurso de la marcha. Sin nocturnidad pero con clara premeditación, diversas asociaciones independentistas apoyadas por los aparatos propagandísticos de los medios de comunicación públicos catalanes, así como partidos secesionistas, fuerzas antisistema y círculos de extrema izquierda, escenificaron un bochornoso teatro independentista en las calles de la ciudad Condal. La solidaridad con las víctimas de la barbarie yihadista pasó a tener un papel secundario y las estelas independentistas enterraron esa imagen de una Barcelona cosmpolita, abierta y moderna que todos los españoles siempre hemos admirado y amado.

Sociedad Civil Navarra acudió también a la manifestación ciudadana celebrada en Barcelona. Asistimos a la misma junto a nuestros compañeros de Societat Civil Catalana para mostrar nuestra más enérgica condena y expresar nuestra solidaridad con las víctimas del atentado terrorista. Pero durante el recorrido por las calles de la ciudad fuimos conscientes que el controvertido lema oficial #NoTincPor por el que estábamos allí la se había pervertido en beneficio de una causa ajena a la voluntad de la mayoría.

Todos sabían que la manifestación se iba a convertir en el centro del interés mediático internacional, de modo que los organizadores no dudaron en contaminar el sentimiento original de solidaridad, valentía y dignidad frente al terror yihadista con un estudiado y orquestado agravio de abucheos y pancartas ofensivas hacia las instituciones que representan legítimamente a todos los ciudadanos: el Gobierno y el Rey, jefe del Estado.

Afortunadamente también pudimos comprobar y constatar que una parte considerable de la sociedad catalana se resiste a claudicar ante la mentira y la imposición del pensamiento único nacionalista. Muchos, muchísimos ciudadanos catalanes nos piden al resto de españoles nuestro apoyo. No podemos abandonarles ante este caciquismo totalitario nacionalista dirigido desde las instituciones catalanas.

Los navarros tenemos que ser conscientes de que esa opresiva atmósfera independentista y esa fractura social no llegan de un día para otro. Se trata de un largo proceso con varios años de recorrido a través de tres elementos clave: la educación, la lengua y los símbolos. La desconexión social del estado español representa una larga carrera de fondo para el nacionalismo catalán y vasco. Por ello, resulta imprescindible una resistencia cívica de asociaciones ciudadanas que construyan diques de contención frente al pensamiento único nacionalista. De lo contrario podemos correr en un futuro no tan lejano la misma suerte que Cataluña.

Por eso, desde Navarra y desde el resto de España, os decimos alto y claro, ¡no estáis solos!




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Reflexiones de un borroka en verano

Colega, nadie sabe lo difícil que es ser un borroka auténtico en Euskalherría. Para empezar, un pastizal que te pasas solo en ternuas y quechuas gabachas. Habitualmente tenemos cara de mala leche, solo sonreímos con los colegas y siempre escuchamos en el espotifai a Soziedad Alkoholika y Eskorbuto. Pero lo más duro es la pesadilla del verano. Todos los malditos años igual. Guiris, turistas, taurinos y españoles. Son una plaga. Empiezan a llegar ya con las procesiones de los curas en Semana Santa y se pasean por toda Euskalherría por donde les da la gana sin ningún miramiento. Qué coño, son como los Cuatro Jinetes esos del Apokalipsis (otra norma, además del corte de pelo, los borrokas siempre tenemos que escribir las cosas importantes con -k y –tx; ya se sabe, las amas y las amatxis de los borrokas preparan siempre bokatas de txorizo, nunca bocatas de chorizo).

¿Por dónde iba? Ah, sí: los Jinetes esos. Los auténticos borrokas detestamos a toda esa peña. Porque nosotros no nos juntamos con cualquiera, no. Nos fastidian los guiris sonrosados de chancletas y bermudas horteras. Tampoco podemos ni ver a los turistas-hormiga, esos plastas que viajan con la guía de viaje en una mano y el palito de la selfie. ¿Y los taurinos? Buf, los taurinos, colega. Detestamos a esos pijos de camisa planchadita, gomina y copa de vino. Y luego están los españolazos. Los odiamos. Esos sí que son la bomba. Y provocan, vaya que si provocan. Se bañan en nuestras playas, comen hasta kokotxas, y lo más alucinante de todo, no entienden ni una palabra de euskera. Ah, y de vez en cuando, alguno va y hasta se liga alguna de nuestras chavalas. Son lo peor.

Pero este verano se van a enterar. Vamos a ir a por ellos. Ya nos hemos aprendido las consignas para las ekintzas: Tu-rist-gou-jom. Me costó un poco porque no se me da muy bien el inglés, pero he aprendido a pronunciarlo bien en pocos días. Tuvimos algo de movida con eso, que si mejor en euskera, que si en castellano. Al final, Asier, que tiene un primo en Lleida que es de la CUP, nos explicó que era mejor gritar en inglés para que luego, cuando cuelguen el vídeo en el Yutube, los borrokas nos hagamos famosos y la realidad de Euskalherría se conozca en todo el mundo. Se van a enterar de quienes somos nosotros, colega.




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Cuando acaba el Ongi Etorri

Después de los abrazos, las palmadas en la espalda, las sonrisas y los aurreskus, llega para cada uno de los homenajeados ex etarras el diálogo solitario con su conciencia y la reflexión sobre una juventud malgastada y oscura que solo ha aportado muerte, dolor y desgracia a otras personas.

El Ongi Etorri dura un par de horas, pero las madrugadas de conciencia son muy largas.

(…) “Días más tarde, durante un partido de fútbol televisado entre la Real y el Athletic, se fijó, no en el balón, no en los lances del juego, sino en la gente que abarrotaba las gradas del partido de Anoeta, vascos como él con ikurriñas, con pancartas, algunas con la petición de que se acercara a los presos a cárceles de Euskal Herria, y los veía saltar y cantar y festejar. Y vio asimismo unas imágenes del telediario que acompañaban a la noticia de las altas temperaturas en el norte de la península, y salía la playa de La Concha llena de gentes en bañador, vascos relajados, vascos quizá felices, que paseaban por la orilla, nadaban y se soleaban, parejas de enamorados tendidos en toallas, chavales en piragua, niños que cavaban en la arena con una pala de plástico. Y de buenas a primeras se le puso un sabor amargo en la boca, y aun más allá de la boca, en centro mismo de sus convicciones y pensamientos”.

(…) “De pronto, contra su voluntad, empezó a llover con bastante fuerza. ¿Dónde? En el recuerdo. Se estaba hundiendo poco a poco. El duro, el primero en empezar las huelgas de hambre y el último en acabarlas, el que tomaba la palabra en las asambleas para despreciar a los presos que se tragaban el anzuelo de la reinserción. Pero un hombre puede ser un barco. Un hombre puede ser un barco con el casco de acero. Luego pasan los años y se forman grietas. Por ellas entra el agua de la nostalgia, contaminada de soledad, y el agua de la conciencia de haberse equivocado y la de no poder poner remedio al error, y esa agua que corroe tanto, la del arrepentimiento que se siente y no se dice por miedo, por vergüenza, por no quedar mal con los compañeros. Y así el hombre, ya barco agrietado, se irá a pique en cualquier momento”.

 

Patria

Fernando Aramburu. Editorial Tusquets.




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Del gaztetxe al unifamiliar con jardín

El recorrido del Cuatripartito desde aquel gaztetxe multikultural y sozialista de comienzos de la legislatura al unifamiliar burgués de jardín y barbacoa ha tardado en completarse exactamente dos años. Nada como mezclar el progresismo y la izquierda con el discreto encanto de la burguesía. Que se lo pregunten a Geroa Bai, esa mutación prodigiosa del católico y conservador PNV en Navarra. Y, cómo no, a Podemos y EH Bildu, los implacables perseguidores de todos los pelotazos urbanísticos y plusvalías especulativas de Euskalherría.

Kontuz, Kontuz, los ciudadanos y las ciudadanas tenemos que aprender a hablar con propiedad en la Era Cuatripartita. Recalificar un terreno de propiedad municipal para la construcción particular ya nunca más será un pelotazo. Ahora se trata de un “reto” y de un “plan urbanístico”. La consejera de Interior María José Beaumont revelaba hace unos días que la construcción de una urbanización de unifamiliares en Beloso, en los actuales terrenos de la comisaría central de la Policía Foral, será una de las vías de financiación del plan de traslado de las actuales dependencias a un nuevo emplazamiento, coincidente muy probablemente con el contemplado en el fallido proyecto de la Ciudad de la Seguridad de 2012, entre Badostain y Mutilva.

Quién sabe, puede que las conversaciones entre la consejera Beaumont y el alcalde Asirón terminen con la cesión de un unifamiliar como gaztetxe de uso municipal y puede que hasta la txavalería del nuevo gaztetxe modelo unifamiliar apague su sed con el agua de Itoiz. No olvidemos que este año la consejera Beaumont ya ha probado el agua del pantano a finales de junio, cuando Pamplona tuvo que abastecerse por la histórica sequía. Justicia poética.




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Nos vamos de fiesta

Sí, nos vamos de fiesta contigo. Nos espera ese cosquilleo en el estómago minutos antes del chupinazo. La explosión en rojo que se desparrama por las calles. La música que pelea en el aire con el griterío. El sorbete de limón con el chunda-chunda. Y más baile. Y más música. Abrazos y más abrazos. Se escapa algún beso mojado en cerveza. Y siguen los bailes. Amanece y los toros despiertan la mañana en Santo Domingo. El miedo se pega a las aceras. Las pezuñas de los toros rompen el silencio. Gritos de angustia. Carreras por la vida hacia la plaza de toros. Suena el cohete y, de pronto, huele a churro y chocolate. Pronto sentimos el nudo en la garganta cuando se acerca el Santo. Aplausos. La jota. Una lágrima rápida. Llega la Comparsa. Vuela el rey Europeo con su reina Europea por la calle Mayor. Golpes secos. Risas de niños. Caravinagre en carne y hueso. Y el Patata en la retaguardia. Las dulzainas y el retumbar de los tambores se abren paso entre la muchedumbre. Sol de mediodía. Almuerzos y comidas. Café con helado antes de las mulillas. La Pamplonesa nos lleva hacia La Plaza. Sí, con mayúsculas. Seis toros esperan su torero. Pasodobles con rancheras. Llorar y llorar. Muleta y media verónica. Pañuelos blancos iluminan las gradas. Cae la tarde y el txistu llama desde Plaza del Castillo. ¿Street food? Se inventó en Sanfermines. Un bocadillo rápido y a ver los Fuegos. La pólvora se mezcla con el olor dulzón de las aceras.  Familias enteras miran el cielo teñido de luces. Es 7 de julio y nos vamos de fiesta.




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Idiotas llovidos del cielo

El disparate nacional de lo absurdo ha superado estos días su propio listón. Solo en España, el país de los eternos desagradecidos, se puede criticar la donación de 10 millones de euros destinada a mejorar la tecnología oncológica en la red de hospitales público porque el dinero viene de un empresario. Por desgracia, muchos españoles poseen ese gen cainita, retorcido y amargado que les lleva a denostar con saña cualquier episodio relacionado con determinadas profesiones y colectivos.

Los autores de la última mezquindad son, en esta ocasión, nada más y nada menos que los dirigentes de ADSPA, la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Aragón. La mencionada asociación ha publicado un comunicado, merecedor del premio Memez 2017, para poner a caldo a Amancio Ortega, el dueño y creador de Inditex, por su último pecado neoliberal: una extraordinaria donación al Gobierno de Aragón que permitirá la compra de 16 mamógrafos digitales de última generación; 16 ecógrafos de alta gama y 11 estaciones de trabajo para el área oncológica de la red de hospitales públicos aragoneses.

Entre otras perlas, la asociación subraya que “no tiene que recurrir, aceptar, ni agradecer la generosidad, altruismo o caridad de ninguna persona o entidad” y aboga por una “fiscalidad progresiva que redistribuya recursos priorizando a la sanidad pública”. Curiosamente, ADSPA manifiesta también un sentido recuerdo para los trabajadores textiles de Bangladesh y Marruecos, pero no dedica una sola línea a los enfermos oncológicos aragoneses. Además el escrito de ADSPA acuña un nuevo concepto que sin duda llevará a Pablo Iglesias o Rafael Monedero al estadio de éxtasis preorgásmico: “la penetración de la ideología neoliberal en la utilización de la tecnología médica”.

No sabemos qué pensará Amancio Ortega y familia de estas gaitas. Probablemente que tenemos tantos memos amargados y desagradecidos viviendo en las nubes, que un día de estos nos empezarán a llover idiotas del cielo. Seguro que algunos aplaudirán el milagro.




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La vanguardia civil

Entre la indolencia crónica de la clase dirigente, la ausencia de reflexión crítica de una parte considerable de la opinión pública y la debilidad manifiesta de unas formaciones políticas anegadas en un autismo inquietante, sólo una minoría resuelta y comprometida de nuestra sociedad ha reaccionado con valentía y coraje, erigiéndose en un bastión imprescindible para la salvaguarda de nuestros valores constitucionales frente a la amenaza de quienes pretenden erosionar, socavar y quebrantar la convivencia ciudadana. Periodistas, intelectuales, artistas, jueces, abogados, médicos, trabajadores, profesores, funcionarios, empresarios, estudiantes… todos ellos, mujeres y hombres decentes, que desde las trincheras de la sociedad civil conforman la vanguardia ética de nuestro país. Esa significación pública y ese compromiso cívico merece un reconocimiento por dignificar nuestra vida pública. Y con ellos hay muchas otras gentes aportando una colaboración imprescindible para despertar a esta sociedad anestesiada, con ideas, trabajo, apoyo y patrocinio. Todos ellos forman lo mejor de nuestra sociedad. Son todos aquellos que se niegan a mirar a otro lado, que se rebelan ante tanta ignominia y que resisten estoicamente el hostigamiento y el acoso de esa leva de filibusteros de la política que quieren imponernos sus proyectos excluyentes.

Entre esa indiferencia oficial y ese sectarismo radical, se va extendiendo un campo minado de equidistancias muy preocupante. Las políticas de tierra quemada que promueven los intransigentes sin que exista una reacción firme por parte de nuestros dirigentes sólo conduce a una profunda desafección de nuestras instituciones. En tiempos convulsos, lo más cómodo es parapetarse en las sombras del anonimato, pero ese estado de trivialidad generalizado nos convierte en cómplices de esta situación. Ahora nos intentan embaucar con gruesas palabras presentando una España más tolerante y más comprometida. Pero no es cierto. Gran parte de la España oficial ha desertado de sus obligaciones mientras otra parte no menor de la España real duerme un plácido placebo. Contemplamos con bochorno el saqueo incesante de las arcas públicas mientras otros escenifican con indignidad afrentas a la ciudadanía, ofendiendo a las víctimas y abrazando a los verdugos mientras reescriben memorias adulteradas y relatos corrompidos. Un panorama desolador protagonizado por mercenarios con patente de corso que se sirven de una ley seca virtual que sólo trae beneficio a hampones y contrabandistas.

Algo está fallando cuando la iniciativa pública y la agenda política ya no la determinan los partidos políticos. Quienes reaccionan ante los desafíos nacionalistas, quienes se enfrentan ante las imposiciones lingüísticas y quienes se rebelan ante las manifestaciones del odio son las asociaciones cívicas, las sociedades civiles y los colectivos en defensa de la convivencia y la justicia. Y bajo ese paraguas, entonces sí, todos participan. Y esto es así, porque la política ha quedado constreñida a un mero instrumento propagandístico a corto plazo. A muy corto plazo. Mientras algunos dirigentes siguen evadiendo su responsabilidad, asumiendo ese complejo que anula su capacidad de liderar la defensa de las libertades públicas, los que pretenden la ruptura y la división actúan con determinación en esta desconexión en diferido que se enmarca dentro de un plan global de acoso y derribo contra la unidad de España. Son éstos, los que pretenden implantar en la sociedad el cultivo del agravio, tergiversando la historia y adoctrinando en el rencor. Afrentan, por acción o por omisión, a quienes levantan la voz para denunciar este régimen sectario. Ofenden sin pudor ni vergüenza a las víctimas del terrorismo. Menosprecian la encomiable labor del Ejército, de las Policías y de la Guardia Civil. Prescinden deliberadamente de los símbolos constitucionales. Alimentan el desafecto radicalizando las instituciones que gobiernan, despreciando los emblemas institucionales para imponer banderías ajenas. Y procuran infiltrar elementos desestabilizadores con objeto de romper todo aquello que nos une. Ocurrió en Euskadi y está ocurriendo en Cataluña, donde los partidos constitucionalistas se han convertido en fuerzas minoritarias. Y Navarra se encamina por la misma senda si no se reacciona con presteza ante esta grave situación. Nos encontramos ante un horizonte complicado. Por eso mismo es imprescindible que esa parte de la sociedad, escéptica y silenciosa, tome verdadera conciencia del problema y asuma sin complejos su deber cívico.




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Ikurríñate, que algo queda

Magia potagia. Adiós a la actual ley de símbolos por obra y gracia de Geroa, Bildu, Podemos y EH-IU… Se abre el telón y llega la Operación Ikurriña a Navarra. Ya nos lo anunció el cartel del PNV en Baluarte durante su weekend pastoril en la tierra de las ovejas descarriadas. La consejera portavoz, Ana Ollo, vuelve a emplear la habitual cosmética lingüística del Gobierno -normalización, convivencia, etc.-, aunque nos tememos que vende ya sólo a los incondicionales, a los forofos, a los amigos y a algún bienintencionado miope que todavía le concede el beneficio de la duda, hasta que la imposición y la decisión unilateral llaman a la puerta de su casa (o de su guardería).

No es necesario recordar el origen de la ikurriña, creada por Sabino Arana como bandera del partido nacionalista vasco. De bandera de partido pasó a convertirse en bandera de la actual Comunidad Autónoma Vasca y a ser un instrumento clave para la politización unidireccional de la identidad de la sociedad vasca.

La estética es fundamental cuando se quiere lanzar un mensaje potente en la aldea global e instantánea de Twitter y Facebook. La imagen de una ikurriña mecida por el viento y colgada en el balcón de un ayuntamiento navarro vale más que mil palabras en horario de máxima audiencia. Y si puede ser en Pamplona y en la Ribera del Ebro, mejor.

Sociedad Civil Navarra




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La jauría, el Alcalde y el Ayuntamiento de Pamplona

Una desafiante jauría de sudaderas y capuchas negras sembró el caos en el Casco Viejo de Pamplona a última hora del sábado. La pacífica y tranquila tarde de pinchos y paseos se transformó en un episodio de kale borroka ochentera con el agudo ruido de los cristales rotos, los gritos guturales de los atilas abertzales, las carreras apresuradas de los atemorizados ciudadanos y, de fondo, la inconfundible banda sonora de las pelotas de goma de la policía.

Pero no son los años ochenta, los tiempos han cambiado, y la información vuela a golpe de Whatsapp, Twitter, Instagram y Facebook. En un abrir y cerrar de ojos, miles de pamploneses han podido contemplar, atónitos, el espectáculo de guerrilla urbana de los vídeos protagonizados por la manada abertzale del chándal. Y la reacción de los representantes de los ciudadanos se ha tenido que adelantadar al domingo. A través de su cuenta en Twitter, el alcalde de Pamplona, Joseba Asiron, ha trasladado su “preocupación” y “solidaridad” con los comerciantes y vecinos. En menos de 24 horas, la Junta de Portavoces del Ayuntamiento de Pamplona, ha condenado los incidentes y EH Bildu ha mostrado su “rechazo contundente” por los incidentes.

La retórica “oficial” de Bildu no convence. La esquizofrenia ideológica de sus miembros les está llevando a un callejón sin salida, prisioneros de un totalitarismo conceptual que ahora sus jóvenes herederos de chándal y capucha negra tratan de resucitar. Sentados en los cómodos y bien remunerados sillones de las instituciones democráticas, los ahora cuarentones y cincuentones dirigentes de EH Bildu contemplan como una nueva chavalería abertzale resucita aquellas míticas noches de poteo eta borroka delante de los maderos en Caldera. La educación en el odio tiene consecuencias y los hunos adolescentes de estética abertzale son solo una pequeña muestra.

Claro que no estamos en los ochenta, y si los episodios de guerrilla urbana se convierten en parte del paisaje urbano, el boomerang de la kale borroka será el golpe definitivo para un Ayuntamiento, el de Pamplona, y un alcalde, Joseba Asirón, cuya gestión de gobierno está siendo criticada por muchos, muchísimos ciudadanos, por su incapacidad, su falta de transparencia y sus ráfagas totalitarias. Al tiempo.

 

Foto: Navarra.com




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Vida inteligente en Navarra

Ayer el extraordinario Javier Marías nos regalaba un estupendo artículo en el País Semanal a propósito de la dictadura de los tontos. El escritor reflexionaba sobre los tontos de nuestra época, que se caracterizan, según Marías, “por su susceptibilidad extrema, por su pusilanimidad, por su piel tan fina que todo lo hiere”. Además el articulista daba un aviso sobre el peligro de ceder el terreno a los tontos: a unos tontos se les enfrentan otros tontos, y la vida inteligente, queda cohibida, arrinconada. Javier Marías concluía que “cuando la vida inteligente se acobarda, se retira y se hace a un lado, al final queda arrasada”.

Las reflexiones de Javier Marías nos vienen muy bien para hablar hoy de la libertad de opinión en nuestro entorno más cercano. En Navarra, las verdades incuestionables o axiomas y las frases-mantra empapan el debate público de políticos, medios de comunicación y redes sociales. Y el ciudadano medio, temeroso de ser señalado o penalizado socialmente, vive en un mundo de silencio sobre determinadas cuestiones que se han convertido en intocables.

Tomemos como ejemplo las condenas por las agresiones sexuales: ¿quién se atreve a cuestionar en público la hipócrita actitud del Cuatripartito -con Bildu como txapeldun del cinismo por sus pintadas, dianas y carteles- a cuenta de la ya famosa pancarta de El Sadar? No digamos ya las lenguas: ¿quién se atreve a argumentar contra la actual política lingüística del Gobierno foral, que pivota sobre el esfuerzo económico del ciudadano para sostener un plan de re-euskaldunización artificial y descomunal ? O el patrimonio cultural navarro: ¿quién se atreve a explicar que la cultura vasca no es el todo de nuestro patrimonio, sino una parte de la Comunidad Foral que no llega al 20% de la población, y que la cultura aragonesa y castellana conforman también nuestro ADN navarro?

Cualquier intento de abrir un debate sobre estas u otras cuestiones se cortan con los inevitables adjetivos de fachas, fascistas, antivascos, antieuskeras y todo el rosario de calificativos ad hoc. Ir contracorriente no es tarea cómoda ni sencilla, pero tal y como dijo Cervantes, uno puede pasar por la vida siendo posada o haciendo camino. Debatamos con argumentos esos axiomas, esas verdades incuestionables, con nuestras familias, con nuestros amigos, con nuestros colegas del trabajo. Debatir es sano y es un indicador de la salud democrática de una sociedad. De lo contrario, la dictadura de los tontos echará pronto raíces en Navarra. Y, por desgracia, el tonto es una especie que se reproduce con rapidez en todas partes… y en todos los lados.