Día de Europa, día de la ciudadanía europea

Elena Sola y Antonio Purroy (SCN)
Parlamento-de-Navarra

Hoy es martes 9 de mayo se celebra el Día de Europa. En la escena doméstica navarra, sin duda, la foto de la jornada será la presencia in extremis en el Parlamento de Navarra de su bandera y no por iniciativa de su presidenta y miembro de Podemos, Ainhoa Aznárez.

No resulta tan sorprendente pensar que en el fondo y en la forma, Podemos y el Frente Nacional francés compartan dos rasgos comunes muy singulares: su fobia declarada por la Unión Europea y la estrechez de sus horizontes. Aznárez, por ejemplo, exteriorizó esa alergia europea de Podemos cuando quitó la bandera europea del balcón del Parlamento para guardarla en algún misterioso cajón de su despacho.

Resulta evidente que los extremos siempre utilizan la provocación como estrategia de comunicación y, además, venden un cuento muy parecido para frenar la creciente tecnocracia imperante en Europa: una transformación política de Europa que pivote, faltaría más, sobre los designios de sus totems idolatrados, el pueblo y la nación.

Ha pasado más de un año, y tal vez muchos ciudadanos ni tan siquiera hayan reparado en la retirada del símbolo ni recuerden tampoco el gesto airado de A. Aznárez, cuando tuvo su pequeño momento de gloria en los medios de comunicación y redes sociales. Los esfuerzos realizados por la UE en política de inmigración no merecían esta respuesta. Pero conviene no perder de vista también que los símbolos políticos nos conectan emocionalmente a los ciudadanos con las instituciones. En este caso, unas instituciones muy generosas con España y con Navarra y cuyo apoyo resulta vital para el progreso de la Comunidad Foral.

Ingratitud aparte, lo cierto es que la absurda y obstinada retirada de la bandera europea deja también patente una preocupante y llamativa estrechez de miras en los dirigentes que tomaron tal decisión. La realidad de las asignaciones económicas de los fondos de la Unión Europea y sus objetivos finales de empleo y desarrollo para todos los ciudadanos españoles es implacable y los datos así lo atestiguan.

Basta fijarse en las ayudas a la agricultura navarra. Unos 14.000 agricultores y ganaderos navarros se benefician cada año de 102 millones de euros de ayudas directas de la PAC, así como 53 millones vía el programa de desarrollo rural, estos cofinanciados por el gobierno, cantidades garantizadas hasta 2020. Más ejemplos. El pasado 1 de febrero el Gobierno foral aprobó la denominada “Estrategia de Especialización Inteligente” (S3), un requisito obligatorio de la UE para obtener las correspondientes asignaciones económicas dirigidas a la innovación e internacionalización que las regiones consideren claves para su desarrollo. Según este informe, los sectores estratégicos que Navarra presentó en Bruselas fueron la automoción y la mecatrónica; la alimentación; las energías renovables y los recursos naturales; la salud; el turismo integral y las industrias creativas y digitales (estos dos últimos sectores todavía por desarrollar). El Gobierno de Navarra cuenta en 2017 con unos suculentos 25,4 millones de euros, cofinanciados con fondos FEDER, para progresar en estas seis áreas estratégicas.

El programa Erasmus de intercambio de estudiantes desde comienzos de los 90 ha sido una de las mejores iniciativas de la UE, con unos 300.000 estudiantes –y también un no importante de profesores- beneficiados cada año (“cambiando ideas, abriendo mentes”). Se estima que más de 4 millones de estudiantes europeos han disfrutado de este programa –el 60% chicas-, España es el país que más estudiantes envía y más recibe. Más ventajas. Las enormes cantidades de dinero que ha recibido nuestro país desde la entrada en la UE (1986) para la modernización y construcción de todo tipo de infraestructuras han cambiado el panorama económico y social hasta cotas impensables hace tan solo 30 años.

En política, como en la vida ordinaria, los gestos son importantes. Ahora que se aproxima el 9 de mayo, el Día de Europa, la presidenta del Parlamento, Ainhoa
Aznárez, tiene una magnífica ocasión para rectificar una acción incoherente y absurda en quien ostenta un cargo tan importante como es el de presidenta del Parlamento de Navarra, “la casa de todos” – Aznárez dixit-. Esperemos que no sea una frase hueca y así se lo hagan ver otros dirigentes de su propio partido o sus socios de Gobierno, algunos de los cuales deberían sentirse muy in- cómodos con ese pertinaz mástil vacío en el balcón principal de nuestro Parlamento.

Elena Sola Zufía es licenciada en Filosofía y Letras y Antonio Purroy Unanua es ingeniero agrónomo, ambos miembros de Sociedad Civil Navarra

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