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El convenio con la CUN y dos maneras de gobernar

José Mª Senosiain (SCN)
Feb 2016
SCNavarra

Los medios de comunicación, las redes sociales y los cafés diarios han hervido estas últimas semanas con el conflicto generado por el convenio que la Clínica Universidad de Navarra -CUN- mantenía con el Gobierno de Navarra y que el Cuatripartito ha decidido no renovar de manera unilateral. Desde estas líneas se hacen varias reflexiones cuyo análisis nos lleva a concluir que la decisión del Gobierno de Uxue Barkos tiene escasa coherencia y posibles consecuencias negativas para el progreso y el bienestar de Navarra en su conjunto.

El primer hecho objetivo es comprobar si en las comunidades autónomas limítrofes hay algún ejemplo de convenio de la misma naturaleza con entidades privadas para la atención sanitaria, y la respuesta es rotunda: sí, existen varios ejemplos en el País Vasco. El Departamento de Salud del Gobierno Vasco tiene convenios firmados con el Instituto Oncológico de San Sebastián, la Policlínica Guipúzcoa, o la Clínica La Asunción en Tolosa, todos ellos centros de titularidad privada.

El prestigioso Instituto Oncológico donostiarra formó parte de la Obra Social de la Kutxa hasta 2010, momento en que la entidad bancaria lo transformó en una fundación privada. El “Oncológico” siempre ha tenido concierto con el Servicio Vasco de Salud. En el año 2012, el Gobierno Vasco financió el 85% (¡) de su presupuesto con 24 millones de euros. La Kutxa aportó 3,1 millones de euros. En 2013, después de una situación de dudas y tensiones entre los partidos políticos sobre la continuidad o no del convenio, el Gobierno Vasco renovó dicho convenio por un periodo de 5 años, con una ampliación a nuevas formas de colaboración y actuación. La hemeroteca revela que el consejero de Salud del Gobierno Vasco, Jon Darpón, y el presidente de la Kutxa, Xabier Iturbe, coincidieron en calificar el convenio como “un paso decisivo de enorme calado hacia el objetivo de consolidar una atención oncológica única y de calidad en Gipuzcoa”. Además, subrayaron que “lo importante no es el modelo, sino la calidad de la atención que se presta y que reciben los pacientes y ciudadanos”.

Hemos puesto el País Vasco como ejemplo por tener la misma ideología política los presidentes de las comunidades vasca y navarra (Iñigo Urkullu y Uxue Barcos). Pero llama también la atención que existan conciertos para la prestación de la atención sanitaria en la Rioja y en Aragón de idénticas características a los señalados. Es decir, el debate sobre modelo público/privado de la atención sanitaria está ya más que superado en nuestro entorno próximo, porque está aceptado que si la garantía y la financiación es pública, el servicio es público. Hoy en día el eje de dicho debate entre los gestores y responsables sanitarios se centra en la calidad, la eficiencia y la satisfacción del paciente en su conjunto.

El Gobierno de Navarra es el responsable del sistema sanitario de la Comunidad Foral en su conjunto y, por tanto, de todos los navarros. El Cuatripartito ha esgrimido diferentes razones, unas más consistentes que otras, para no prorrogar el convenio. En cualquier caso, una parte importante de los navarros no entiende que el Gobierno y la CUN no hayan encontrado una solución negociada al conflicto.

Si hubiera existido una voluntad real de acuerdo por la parte que extingue el convenio, se habría entablado una negociación y un diálogo, pero parece que para este caso del convenio no ha sido necesario ningún esfuerzo adicional, ya que las declaraciones en redes sociales y medios de comunicación certifican que la decisión estaba tomada por parte del Gobierno.

Por tanto, si el resto de los Gobiernos autonómicos de nuestro entorno y en particular el Gobierno Vasco, que comparte ideología política con el de la presidenta Uxue Barcos, van en una dirección y el actual Gobierno de Navarra en otra, la decisión tomada es incoherente y contradictoria.

Por otra parte, las aristas que presenta esta decisión son muy pronunciadas. Si obviamos el debate de las listas de espera, que también tiene su enjundia, esta nueva bofetada -recordemos la polémica del centro de investigación en Donapea que tuvo que emigrar precisamente a Guipúzcoa- es un duro golpe para la Universidad de Navarra, nada menos que la segunda empresa de Comunidad Foral en términos de impacto económico.

Otro aspecto es el valor de la marca Facultad de Medicina-CUN-CIMA. La Clínica Universidad de Navarra es año tras año el hospital privado que mejores resultados consigue en los distintos análisis y rankings que se realizan en España. La Universidad de Navarra es la base para el funcionamiento de este complejo tan prestigioso que puede verse resentido, sin duda, por la pérdida de más de 7.000 pacientes -los trabajadores de la universidad- y la correspondiente aportación económica.

Seguro que con estas dificultades que están encontrando en Navarra, a algún alto dirigente del Opus Dei le estará rondando la idea de abandonar nuestra Comunidad Foral y emigrar allí donde les ofrezcan más facilidades.

En definitiva, habría que preguntarse: ¿impulsa esta decisión unilateral del Gobierno de Uxue Barkos el progreso y el desarrollo socio-económico de Navarra? Parece evidente que no. Ojalá que estas reflexiones ayuden a valorar mejor este conflicto y sirvan para medir sus posibles consecuencias.

José Mª  Senosiain, Joaquín Sagües, Pilar Aramburo

Miembros de Sociedad Civil Navarra

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