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Podemos, las pensiones y el desfibrilador

Alfredo Arizmendi (SCN)
11 Mar 2018
SCNavarra

Inmediatamente después de las elecciones de junio de 2016, Diario de Navarra publicó un artículo firmado por quien esto escribe, titulado “Desagravio a los viejos”. El texto no era más que una reivindicación de la impagable aportación de los pensionistas y jubilados a la cohesión y supervivencia de la sociedad española durante la crisis que comenzó en 2008.

Si consideré necesario redactar tal desagravio, fue en respuesta a algunas posiciones sumamente ofensivas sobre dicho colectivo, según las cuales su voto había sido determinante en el resultado de las elecciones recién celebradas. Más concretamente se achacaba a estas cohortes de población la frustración del “cambio”, y la victoria del Partido Popular. Esta posición fue abanderada por Podemos, principal damnificado por el resultado electoral, y tuvo mucho eco en sus resonadores digitales y mediáticos.

Conviene recordar la ristra de salvajadas que prefirió el tuiterío podemita, poniendo la “jeunesse caviar” (ellos), frente a una España casposa, avejentada y carca, secuestrada por el facherío. Recuérdenlo, porque a veces parece que en este país la memoria funciona solo para lo que les conviene a algunos.

De aquello hace menos de dos años, y hasta donde uno sabe, la situación del sistema de pensiones era entonces tan insostenible como ahora, las pensiones eran tan “de miseria” como ahora, la hucha se vaciaba a ojos vista, y las soluciones al problema estaban muy lejos, como ahora. Sin embargo los pensionistas, para Iglesias y los suyos, no eran más que un estorbo, una incómoda alambrada de espino en su asalto a los cielos.

Las pensiones no están sustancialmente peor, aunque estén fatal… pero Podemos sí que está peor, mucho peor que en 2016. De estar pensando en asaltar los cielos y gobernar España, Podemos ha pasado a ser un partido catatónico, paralizado, dividido, desangrado en purgas y disensiones internas, zurrándose la badana por seguir pisando moqueta y con un líder que ha pasado de ser el perejil de todas las salsas a vivir bunkerizado.

Y en estas andábamos cuando llegó la carta. La carta, ya lo habrán adivinado, es el papel -o papelón, más bien- en el que el ministerio del ramo anunciaba la ambiciosa subida de un cuartillo en las pensiones. Llegó la carta, se indignaron los pensionistas, se echaron a la calle y ardió Troya.

Cabría esperar que aquel mismo podemismo que despreciaba sin contemplaciones a las quintas más añejas en 2016 sería refractario a sus problemas en 2018. Si les sobraban entonces ¿por qué les iban a necesitar ahora? La respuesta es sencilla: porque Podemos estaba urgentemente necesitado de un desfibrilador que lo devolviera a la vida, un carro reivindicativo al que subirse -aunque tiren otros, como siempre-, y una causa que abanderar con el ojo puesto en las próximas elecciones, municipales y autonómicas de 2019. Un caso de parasitismo de los de manual.

Podemos se ha revelado como una máquina bastante precisa cuando se trata de gestionar el barullo y el descontento. Cuando se trata de gestionar, a secas, la cosa cambia. En un asunto tan complicado como el sistema de pensiones, tiran por la calle de en medio: “la solución al problema de las pensiones bajas es… subirlas”. Cierto, pero insuficiente. Pero si mientras tanto se capitaliza políticamente la frustración y volvemos a abrir los informativos ¿qué importancia tiene que propongamos los remedios de Perogrullo?

Podemos siempre ha presumido de abrazar causas justas. Las reivindicaciones de los pensionistas seguramente lo son. Curiosamente, en España se ha tratado otra causa justa que tiene que ver con pensionistas. Se trataba de ver cómo ayudar a los pensionistas venezolanos -varios miles- que llevan desde 2015 sin cobrar sus pensiones. Pues bien, hubo casi unanimidad a la hora de apoyar estas iniciativas. Solamente Podemos y asociados se opusieron a las medidas propuestas, porque “todo lo que tiene que ver con Venezuela se instrumentaliza con fines políticos”.

Evidentemente, es exactamente eso, instrumentalizar con fines políticos, lo que Podemos pretende hacer con las pensiones y los pensionistas españoles. Al tiempo.

Alfredo Arizmendi Ubanell es licenciado en Medicina y Odontología

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