tribuna

Sobre toros y escorpiones

Alfredo Arizmendi (SCN)
14 Abr 2018
SCNavarra

Allá por 1980, el PNV andaba a la caza de fondos para construir la nueva sede del partido en el solar de Abando donde antaño se asentara la casa natal de Sabino Arana. Para ello, se fabricaron cinco mil juegos consistentes en un busto de Sabino, diseñado por Jorge Oteiza, y una estela-homenaje a Gernika, obra de Néstor Basterretxea. El PNV pedía ocho mil duros por el juego en bronce, y dos mil duros por un juego más modesto, realizado en material refractario.

La estela es elegante, pero el busto me parece un auténtico desastre, porque salvo por la barba, ni se aproximaa la fisonomía de Arana. De hecho, a quien se parece si se le afeita y se le mira desde tres cuartos es a Andoni Ortuzar cuando se pone firme. Hay en la web algunas imágenes que corroboran lo que digo.

Me he acordado de esta historieta porque Andoni Ortuzar, presidente del PNV, volvió a ponerse firme el domingo de Resurrección. Se puso firme él y de paso nos puso a todos los demás, haciendo referencia a la consolidación del gobierno cuatripartito navarro como parte de la construcción nacional (se entiende que de Euskal Herria).

Lo suyo sería echarse a rabiar por la injerencia de Ortuzar. Las reacciones de los líderes constitucionalistas en Navarra han ido en esa línea. Sin embargo, echo en falta que alguien le dé las gracias a Ortuzar por sus palabras, aunque sea por una vez. Sí: las gracias. A Ortuzar hay que agradecerle la sinceridad y la transparencia. A Ortuzar hay que agradecerle que se comporte como un toro.

Soy de los que piensa que hay dos tipos de peligros. Unos son como el toro, y otros como el escorpión. Los dos pueden ser mortales, pero al toro se le ve venir, se le ven los cuernos y a una mala puedes mantener la distancia o darte la vuelta o trepar a un árbol cuando aún es tiempo. El escorpión sin embargo se esconde, no se le distingue, te puede picar sin que llegues a saber de dónde ha salido.

Ortuzar nos hace un enorme favor diciendo las cosas que dice. Espero que lo haga más a menudo, y que cunda el ejemplo. El suyo y el de aquella consejera de infraestructuras que dijo que la construcción del TAV en Navarra también es (¡qué casualidad!) cuestión de construcción nacional. Hay miles de navarros a los que esto les suena a gloria, y me parece hasta legítimo, siempre que a ellos les parezca legítimo lo que pensamos los demás y que estemos hablando con las cartas boca arriba, los conceptos muy bien definidos y las reglas del juego claras e iguales para todos.

En Navarra, sin embargo, no se trata este asunto con el mismo desparpajo que gastan allende la muga. Ni el Gobierno ni los partidos que lo sustentan (con excepción de EH-Bildu) le tienen demasiada afición a la expresión. En el discurso de investidura que abrió la legislatura, Barkos habló entre otras cosas, de lo social (41 referencias), de derechos (13 referencias), de cultura (12 referencias), de igualdad (8 referencias), de democracia (8 referencias) y de euskera (7 referencias), pero no de esa construcción nacional para la que la consolidación de su gobierno es tan importante a juicio de Ortuzar (y muy probablemente también a juicio de Barkos). Y esto es un problema.

Hay mucho inocente que no solo no ve el riesgo, sino que ni siquiera concibe que exista. Hipnotizados por una verbosidad tan sedante como falaz, no quieren considerar la posibilidad de que lo que Barkos presentó, en su discurso, como “cambio social, igualitario o de valores”, sea en realidad uno de los impulsores de la construcción nacional de Euskal Herria. La presidenta del Gobierno de Navarra goza (no se por qué) de una gran credibilidad. Pero una cosa es la credibilidad, y otra la veracidad, y muchas veces la credibilidad de una persona depende de la credulidad de la audiencia, y no de la consistencia de su discurso.

En el proceso electoral que viene, los logros gubernamentales de esta legislatura y los programas para la siguiente se presentarán de nuevo desde la amable perspectiva planteada en el discurso de investidura de 2015. Cualquier comentario sobre lo que Andoni Ortuzar dejó sentado durante el Aberri Eguna será recibida con el habitual despliegue calificativo: que si fachas, que si vascófobos, que si españolazos… Así, con la cara mas dura que el busto de Sabino Arana.

Porque parece que aquí no está bien visto más que o dejarse cornear por el toro o picar por el escorpión, mientras se jalea el “cambio de valores”.

Alfredo Arizmendi Ubanell es licenciado en Medicina y Odontologia y máster en Comunicación Científica

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