Una gran nación

Antonio Purroy (SCN)
tribuna

Una gran nación se caracteriza por tener gentes diversas, emprendedoras y solidarias y unos recursos suficientes para alcanzar el progreso que le conduzca a un desarrollo equilibrado, sostenible y solidario. La España unificada y renacentista del siglo XVI llegó a ser la primera potencia mundial de la época con un imperio “en el que no se ponía el sol”. El dominio del comercio mundial de la lana tuvo mucho que ver en ello. Después, llegarían momentos muy duros de invasiones, guerras fraticidas, regímenes totalitarios…, que llevaron aparejados pobreza, ignorancia, disputas y depresión social. No éramos capaces de sacudirnos de encima los complejos y el pesimismo: la fragilidad de la identidad nacional y la baja autoestima campaban a sus anchas.

Lo que hizo que los ojos del mundo volvieran a posarse en nuestro país fue lo conseguido en los años de la transición dentro del marco de la Constitución actual (1978), un ejemplo de convivencia y de buen hacer, ayudados por la generosidad europea. Nuestro PIB se ha multiplicado por dieciocho en 40 años de democracia y europeísmo.

La tradición europeísta española ha sido muy marcada desde siempre. Es poco conocida la obsesión de Carlos I por una Europa fuerte y unida, hasta el punto de encargar al gran médico humanista segoviano Andrés Laguna un tratado sobre Europa. Este humanista alumbró el “Discurso de Europa”, que él mismo representó en Colonia en 1542 -delante de los grandes mandatarios euro- peos-, en el que defendía la cultura como la gran amalgama euro- pea por encima de políticas y fronteras.

La reciente crisis de la que parece que estamos saliendo, hizo aparecer nuevos fantasmas que creíamos olvidados: paro, desigualdad social, tensiones… Ahora que los vientos de la recuperación vienen de popa ha llegado el momento de que la gran masa social vuelva a ilusionarse. El objetivo prioritario tendría que ser diseñar un futuro entre todos, con unas metas ilusionantes para todos. Es un principio básico de cualquier gran proyecto ciudadano. Este objetivo tiene que pasar por el progreso equilibrado, sostenible y solidario, que es lo mismo que decir justo. Sin progreso no se crea riqueza: no hay trabajo, no hay una buena enseñanza, no hay una buena sanidad, no hay ayudas sociales, no hay equilibrio medioambiental, no hay solidaridad con las regiones deprimidas del planeta. Ya a finales del S. XIX se acuñó en Europa la palabra progreso, casi como obsesión social, en la creencia de que la ciencia y la técnica hacían a la sociedad más rica, más sana, más tolerante y más alegre. Esto lo explica con claridad el escritor austriaco S. Zweig en su obra “El mundo de ayer” (Ed. Acantilado).

Ahora tenemos un gran problema social del que no conseguimos despegarnos: el paro juvenil. Nos alarmamos porque nuestros hijos se ven obligados a emigrar para conseguir trabajo. El drama no es que tengan que salir, que a menudo es saludable por lo que tiene de enriquecedor, el drama será cuando quieran volver pasados unos años y no encuentren un sustrato laboral que les pueda acoger. Hay que pergeñar planes de reincorporación de jóvenes experimentados que pueden hacer mucho por nuestro país. Una decidida inversión en conocimiento (I+D+i) es obligada si queremos ser un país moderno y avanzado para garantizar un buen estado de bienestar para todos.

España como ente es apolítica y acoge toda clase de opción política de las reconocidas como lícitas. Tenemos que seguir remando todos en la dirección del progreso. Es necesario recuperar aquel espíritu de concordia que imperó en la transición, que hizo posible que España alcanzara el nivel de progreso que nunca antes había conseguido. Qué equivocados están aquellos partidos políticos y sus dirigentes que no creen en España como nación, que desunen lo que otros han tejido y que no son solidarios con los españoles de otras regiones. Tenemos el ejemplo del reciente disparate catalán.

El cambio ha sido tan grande en estas últimas décadas que hemos conseguido que la marca España sea admirada en el resto del mundo. Algunos ejemplos: el 40% de las grandes infraestructuras del mundo están siendo ejecutadas por empresas españolas. Somos uno de los países líderes en energías limpias y el de mayor no de Reservas de la Biosfera. La mayor empresa textil del mundo es española. Telefónica posee más de 300 millones de usuarios. España sigue siendo el país líder en trasplante de órganos y el 2o con más esperanza de vida (después de Japón). Tenemos el 3er. patrimonio cultural del mundo… ¿Merece la pena sentirse españoles y europeos?

Antonio Purroy Unanua es ingeniero Agrónomo y miembro de Sociedad Civil Navarra

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