Recesión 2008: la historia rima

Marzo de 2007, las ventas de nuevas viviendas caen un 28% en Estados Unidos. El primer constructor del país DR Horton anunciaba grandes pérdidas. Se iniciaba la crisis de las hipotecas sub-prime. Pasaría año y medio con sucesivas caídas de las fichas del dominó financiero hasta el 15 de septiembre de 2008 cuando el primer banco de inversión, Lehman Brothers se declaró en bancarrota. Era el lunes negro. Se abría la mayor recesión económica mundial desde 1929. La explosión de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos arrastró a sectores inmobiliarios de todo el mundo y con gran estrépito, al de España.

En ese intervalo de gestación de la crisis mundial España celebra las elecciones generales el 9 de marzo de 2008, pero la precampaña se había iniciado ya en octubre del año anterior. Llevábamos ya un año desde el primer aviso pero aquello pareció inquietar más bien poco a nuestros políticos. El candidato socialista, Rodríguez Zapatero prometió subir las pensiones, el salario mínimo hasta 800 euros, y una devolución de 400 euros a cada contribuyente que hubiera realizado la declaración de la renta. De medidas anticrisis, nada de nada. Decía que la economía española jugaba en la Champions League mundial.

¿No vieron o no quisieron ver lo que se nos venía encima?

El que fuera gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, declaró hace dos años que habían sido pocos, entre ellos él, los que avisaron de la burbuja inmobiliaria antes de su explosión. Él lo hizo en un informe de 2003. En julio de 2006 fue nombrado gobernador y el informe pasó a dormir en el cajón de los olvidos.

Ya habían pasado las elecciones y todavía en junio de 2008 el ministro Pedro Solbes seguía negando la crisis. Cuatro años después reconoció que había mentido porque no quiso decir en público que venía una recesión “para no crear alarma ni más inquietud.” Por entonces todos los medios hablaban de crisis. Era tan evidente que el propio Rodríguez Zapatero tuvo que utilizar la palabra en unas declaraciones a Antena 3: “Crisis, como ustedes quieren que diga”. En junio de 2008 Rodríguez Zapatero anuncia un plan de austeridad para ahorrar ¡250 millones de euros!

El resto ya es conocido: derrumbe de los mercados financieros en octubre y Plan de Activación Económica en noviembre con 11.000 millones de euros, de los que 8.000 se destinan al Plan E, de gastos en pequeñas obras públicas municipales. Zapatero sacó de la lámpara maravillosa el viejo genio keynesiano de cavar agujeros y volverlos a tapar para dar empleo y sueldo público que reactivase la demanda. Ni que decir tiene que el objetivo de crear 300.000 empleos no se cumplió ni de lejos. En 2012 el Tribunal de Cuentas dijo que el Plan E “apenas abordó nuevos proyectos ni se crearon empleos.” La mitad de los proyectos, dijo el Tribunal, se adjudicaron sin publicidad y de forma directa.

Aquella ciega obsesión por negar lo evidente hizo que en mayo de 2009 el Gobierno hablara del nacimiento de brotes verdes en la economía. Por lo visto los calores del verano los agostaron. En abril de 2010 la prima de riesgo de nuestro país alcanzaba los 400 puntos básicos.

Sólo cuando Europa las exigió, se empezaron a tomar medidas contundentes: el recorte del gasto social y la reforma laboral de 2010, la reforma de las pensiones y finalmente la reforma de la Constitución para cumplir con una exigencia de la Unión Europea de no superar el techo de déficit. En 2011 nació el 15-M, el germen de Podemos. En noviembre de 2011 el PSOE perdió el Gobierno que pasó a presidir Mariano Rajoy con mayoría absoluta. Ello no evitó el rescate de las Cajas de Ahorro, en 2012. A partir de ahí los recortes, el rescate de las comunidades autónomas, las reformas estructurales y las políticas de austeridad con la correspondiente conflictividad social.

La crisis del euro obligó al Banco Central Europeo a aplicar medidas de expansión monetaria y bajos tipos de interés que evitaron que la crisis de Grecia se extendiera a España, Portugal e Irlanda arrastrando a toda la Unión Europea. En 2013 el desempleo alcanzó máximos: el 27 por ciento de la población activa. El paro disminuye en 2014 y España empieza a salir de la recesión con un crecimiento del PIB del 1,4. Empezamos a ver la luz al final del túnel. Ello no evita el castigo de los electores a los partidos mayoritarios en 2015 poniendo fin al bipartidismo.

Hasta aquí la historia. En 2019, ¿volveremos a repetir los mismos errores?

José Ramón Ganuza

Miembro de Sociedad Civil Navarra




Tercera y última carta a mi amigo socialista

“Romper con lo que se ha amado entrañablemente, hacer añicos con nuestras propias manos los ídolos por ella creados, ídolos que llenaban por completo nuestra alma, no es un proceso fácil; es, por el contrario, un proceso lento, penoso y cruel. Dejar de creer en lo que se ha creído presupone un proceso de crisis donde las mentiras aceptadas como verdades luchan contra verdades que se nos figuraban mentiras. Es un forcejeo entre el ideal que se desploma y la conciencia que se resiste a la catástrofe espiritual. El hombre necesita creer por ese horror instintivo a la nada espiritual que le deshumaniza. Por temor a ese vacío opta por seguir aferrado a la ilusión muerta. O prefiere una fe endeble a no tener ninguna. Quien de la noche a la mañana se declara ateo es que nunca ha creído en Dios.” Jesús Hernadez en “Yo fui un Ministro de Stalin.”

Querido amigo. Me molestan los políticos de no justificar sus cambios de postura. Por coherencia, te debo una explicación, sobre mi evolución política.

Recuerdo aquellos tiempos en que compartíamos creencias en sociedades perfectas de hombres nuevos, en la hermandad universal. Y en el marxismo. Era nuestra fe, porque lo nuestro era fe, laica pero fe.

Apostábamos por el socialismo autogestionario y admirábamos a Salvador Allende y a François Mitterrand y su programa de nacionalización de banca y grandes empresas.

No éramos conscientes de la tragedia que se vivía en los países comunistas. Odiábamos a Estados Unidos y la guerra de Vietnam. Lo demás no existía. Para nosotros la guerra civil era una historia de buenos y malos.

Este fervor revolucionario se empezó a enfriar tras las elecciones del año 77. La democracia obligaba a dialogar con quienes tenían otra forma de pensar y aquello empezó a hacer verosímil que otros también podían perseguir el bien común desde posiciones políticas distintas a la nuestra.

Mientras tanto, las políticas nacionalizadoras de Mitterrand se demostraron un rotundo fracaso y caímos en esa especie de melancolía política que se dio en llamar “el desencanto”.

Con ese ánimo muchos nos alejamos de la política. No habíamos conseguido la revolución, pero una Constitución democrática no era un mal balance.

Conforme ponía distancia de la militancia política fui incrementando el sentido crítico. Toma nota: es sorprendente lo limitante intelectualmente que resulta la ideología y la disciplina partidista.

Después vino Chaves Nogales, que me enseñó que la guerra civil no fue una historia de buenos y malos. En A Sangre y Fuego vi que los verdugos y las víctimas se repartieron en ambos bandos y que el torbellino propiciado por los extremos condujo al desastre.

El Gulag de Solzhenitsyn y los Relatos de Kolimá de Shalamov me desvelaron cómo el comunismo termina matando a millones de personas con el propósito de crear el Hombre Nuevo. Por La Hambruna Roja de Appelbaum conocí cómo Stalín se cargó de forma planificada y premeditada a millones de campesinos. Una memoria del comunismo que ha dejado cerca de cien millones de muertos en campos de exterminio, represión y hambrunas.

Aquí en Navarra, las trayectorias poco edificantes de alguno de nuestros antiguos líderes nos hicieron comprender lo arriesgado que es colocar a alguien en un pedestal.

En esta atmósfera de desengaño han ido apareciendo otras formas de pensar y de entender. Escohotado me enseñó cómo la historia demuestra que las sociedades que prosperan son las que permiten la propiedad privada, la creatividad individual y el comercio. Es decir, que no se pueden construir paraísos sociales sobre cementerios económicos. Los liberales de la escuela austriaca despanzurraron la piedra angular del pensamiento económico marxista: la teoría del valor. Las cosas no valen por el trabajo que cuesta hacerlas, sino por lo que alguien esté dispuesto a pagar por ellas. El valor de los bienes no es objetivo. El precio no lo decide la autoridad política sino el consumidor que elige lo que considera mejor en un mercado libre. A partir de ahí, la teoría de la plusvalía cae por su peso.

Con José Sevilla comprendí las razones por las que la socialdemocracia está en crisis en toda Europa. Por qué los gobiernos socialistas han fracasado después de hacer grandes promesas que luego no pueden cumplir. La socialdemocracia tiene su apogeo durante la guerra fría, donde el crecimiento de la productividad empresarial permite crear un círculo virtuoso con aumento de beneficios, sueldos y recaudación fiscal. Esta dinámica se deteriora en los años 80 y se estropea definitivamente a partir de la crisis económica de 2008. Desde entonces, el Estado de Bienestar se financia a base de deuda.

De Jesús Huerta de Soto aprendí que cuando los bancos centrales producen expansiones monetarias creando dinero sin apoyo previo del ahorro, se incentiva el endeudamiento de los gobiernos y se crean burbujas que terminan estallando y produciendo crisis económicas.

No tuve que leer Patria de Aramburu para ser consciente de cómo un relato identitario inoculado durante tiempo en una sociedad puede envenenar la convivencia y crear un ambiente de opresión social y política que hace la vida irrespirable. Jon Juaristi alumbró en mí ideas interesantes de cómo se construye ese relato victimista, sobre la melancolía de la tribu por un pasado que nunca fue, por la ensoñación de un pueblo idílico que nunca existió.

Ahora leo a los pensadores liberales, recupero a John Stuart Mill, intentando averiguar cómo es posible compatibilizar esas ideas con el desarrollo económico y social. En ese debate centrado espero encontrarte. Muy difícil si tu partido opta por giros radicales.

José Ramón Ganuza. Miembro de Sociedad Civil Navarra




Fiesta y toros

Cuando llegan los Sanfermines siempre surge la pregunta sobre qué tal se desarrollarán las fiestas. Las respuestas oficiales ya las conocemos, siempre positivas. Pero la que vale es la que emana de la ciudadanía. Una vez más hemos disfrutado de un coctel espectacular con el santo morenico, la música de la Pamplonesa, los bailes de los gigantes, la marea de blanco y rojo, la fuerza del toro…

Siempre está la duda de qué pasará con el chupinazo, si aparecerá o no la dichosa bandera. Este año ha estado caliente el asunto con la bronca entre concejales en un balcón del ayuntamiento. Penoso. Mucho más penoso y lamentable ha sido lo de la calle Curia. Como de costumbre, la pitada/aplausos al alcalde en la corrida del día 7, aunque este año parece que han ganado los aplausos.

Todo lo que rodea al santo está cogiendo un gran protagonismo y la parroquia de San Lorenzo se ha convertido en un centro neurálgico de la fiesta. En esta sociedad cada más descreída tiene mucho mérito conseguir aglutinar a la gente alrededor de un santo. Pasa algo parecido con Javier y las Javieradas.

Qué decir de la Pamplonesa. Este año se ha visto todo lo que la gente quiere a la banda. Ya nos sorprendió la manera en cómo derrotó a Osasuna en la votación popular para lanzar el chupinazo.

Hace tiempo que la marea de blanco y rojo se ha adueñado de la calle. Una marea que tiene sus pilares fundamentales en el tirón familiar y en los jóvenes, aquellos que dentro de pocos lustros están llamados a ser los futuros líderes sociales. Marea que se está exportando a bastantes lugares, especialmente, al sur de Francia. De los gigantes y cabezudos ya está todo dicho.

Y llega el toro con su controvertida tauromaquia. El tándem encierro/corrida ha vuelto a poner a Pamplona en el imaginario universal y al toro en el núcleo central del relato. No faltó el aperitivo antitaurino del PETA, acompañado por AnimaNaturalis: sus escogidas imágenes cruentas y sus desnudeces parece que no son argumentos suficientes frente a la cría racional del ganado bravo, la selección del carácter bravura, la fisiología del toro de lidia, los reglamentos taurinos oficiales, los sentimientos de la gente… La tauromaquia tendría que salir a la calle a explicar sus fundamentos. Lo que no se entiende es por qué cuando se está persiguiendo y multando el levantamiento de las camisetas en las chicas, se permite que las antitaurinas y animalistas se manifiesten a pecho descubierto. Algo está fallando.

También llegó la polémica del encierro con la nueva política de los cabestros por su gran tamaño y velocidad, su excesivo arrope a los toros y el atropello de los mozos, que les dificulta realizar carreras emocionantes. Es sabido que la función del encierro es conducir a los toros en el mínimo espacio de tiempo, sin que se lastimen y se resabien para la corrida de la tarde. Los ganaderos no van a dejar de correr sus toros en el campo pues es una práctica positiva para la lidia. La Meca tiene la obligación de salvaguardar la vida de los corredores, pastores y dobladores. Nadie entendería que no se intente eliminar riesgo y peligrosidad para evitar cogidas ante la masificación de la carrera (¡los toros matan!). Y no estaría mal que se limpiara de protagonismos y personalismos innecesarios.

El encierro ha conseguido a lo largo de su historia un perfecto equilibrio inestable que permite pocos cambios y muy estudiados. El antideslizante, por ejemplo, ha conseguido instalarse en sus entrañas con éxito. El intento de mejorar la carrera con los nuevos mansos es loable aunque, a la vista de lo acontecido, se podría introducir alguna mejora como la de utilizar cabestros puros de raza Berrenda y algo menos entrenados, que sean menos camperos y más corraleros.

Un año más la respuesta de la gente al conjunto de los festejos taurinos en la plaza ha sido espectacular, hasta el punto de que se han contabilizado más espectadores que los que acuden al Sadar durante toda la temporada (unos 330.000 frente a los casi 300.000 asistentes de esta campaña). El mérito es aún mayor si se tiene en cuenta la grandiosa temporada que ha hecho Osasuna este año.

Es posible que el conjunto encierro-Feria del Toro de Pamplona sea el más relevante de la tauromaquia y es un gran dique de contención contra los antitaurinos y animalistas que la atacan. Tenemos el compromiso de mantenerlo sin complejos y, aunque algunos hayan querido hacer creer lo contrario, la tauromaquia es legal en todo el territorio español.

Antonio Purroy Unanua Doctor Ingeniero Agrónomo y miembro de Sociedad Civil Navarra




Segunda carta a mi amigo socialista

Querido amigo. Vuelvo a escribirte, con cierta tristeza, al comprobar cómo vais dando pasos en el camino, sin retorno, del pacto con nacionalistas y populistas. Queda todavía la incógnita de la decisión que finalmente adopte Bildu sobre la investidura de Chivite, pero las palabras de Otegi diciendo que el mejor Gobierno es el de Sánchez con Iglesias dejan pocas dudas al respecto.

Resulta poco creíble ese movimiento de tu secretaria general, amagando negociar con Navarra Suma. Más parece que intenta cubrirse ante una posible repetición de elecciones generales. Porque la idea de que Navarra Suma se sienta cómoda con el preacuerdo de Gobierno que habéis firmado me resulta delirante.

Un preacuerdo que, con el argumento de mejorar la enseñanza pública, siempre loable, ataca a la concertada recortando convenios y marcando límites y condiciones a un modelo que en Navarra está obteniendo las mejores calificaciones de evaluadores externos.

Un pacto que sugiere sorpresas en materia identitaria. Expresa una voluntad genérica de impulsar “un amplio acuerdo social y político en torno al euskera”. Una música que suena bien. Pero hace sospechar que debajo de ese brillante cubre-platos, que presenta el chef a los comensales, puede haber cualquier cosa, incluso acuerdos bajo mesa. No es posible que solo con juegos florales y parafernalia, Chivite vaya a conseguir la abstención de Bildu. No creo que los acosadores de la calle Curia se conformen con tan poco.

Para politólogos expertos queda la interpretación del “acuerdo sobre los desacuerdos”, por ejemplo sobre el Tren de Alta Velocidad. ¿Es algo así como decir a Podemos: no me reproches que busque otros socios políticos para sacar adelante el AVE porque ya lo sabías cuando me hiciste presidenta?

No parece que sea esa la interpretación de Uxue Barcos cuando señala que la apelación de Chivite a Navarra Suma para que se abstenga, “no ayuda a ir tejiendo la confianza necesaria para seguir llegando a acuerdos”. La todavía presidenta en funciones no os va a dejar que juguéis a dos bandas. Os quiere para ella sola. Si no fuera así perdería su justificación ante Bildu y su capacidad de influir políticamente. Barkos necesita a Bildu para tener un papel en esta representación. El matrimonio tiene sus reglas y aguanta mal las infidelidades.

Pero lo que resulta clarificador de la reacción de Uxue Barcos es la constatación de que el preacuerdo de Gobierno no está concluido. El contenido real que hay bajo el cubreplatos está a medio cocinar. La cocina navarra funciona con las mismas trabas que la de Pedro Sánchez y es que a estas alturas los socialistas deberíais saber de las dificultades de cuadrar los círculos.

Me dices, querido amigo, que un pacto constitucionalista dejaría todo el campo de la oposición al nacionalismo y al populismo y que eso no es bueno ni para Navarra ni para el Partido Socialista.

Con todo el respeto, discrepo. En Navarra tenemos ejemplos, en nuestra historia democrática de gobiernos sin nacionalistas. Fueron etapas de desarrollo económico y social. Recuerda las trabas que debieron superarse para la construcción de Itoiz y del Canal de Navarra, la Autovía del Norte y la del Camino. ¿Recuerdas de dónde venía la oposición a estas obras que se han demostrados vitales en el crecimiento de Navarra? De los que ahora dicen defender su progreso. A estas alturas ya eres consciente de quien se opone al Tren de Alta Velocidad.

Y dices que un pacto con Navarra Suma sería perjudicial para el Partido Socialista. Tengo mis dudas. Se asegura que tu partido tiene dos almas, una más vasquista y otra más navarrista, pero eso será un problema del Partido Socialista, no de los navarros. Seréis los socialistas los que tendréis que resolver este principio de esquizofrenia que os impide representar una alternativa netamente socialdemócrata en Navarra. Porque, no te engañes, ni el nacionalismo ni el neo-comunismo de Podemos son progresistas. Europa ha progresado en el debate enriquecedor entre liberalismo económico y socialdemocracia que se plasma en acuerdos políticos y pactos sociales generadores de paz laboral y prosperidad económica. La crisis de 2008 ha puesto en cuestión este modelo, pero no por ello hay que renunciar a él con peligrosos giros a la izquierda de la mano de Podemos o con la búsqueda de matrimonios de conveniencia con los nacionalistas e independentistas que terminan siempre en divorcios muy costosos. Mira Cataluña.

José Ramón Ganuza Miembro de Sociedad Civil Navarra




Política y coherencia

Una lumbrera del pensamiento político actual ha afirmado que política y coherencia son incompatibles. Se ha dicho en términos normativos, no de crítica. Es fácil entender entonces no ya el motivo que ha provocado que gran parte de la ciudadanía haya dado la espalda a los políticos, sino un hecho más fuerte y sorprendente, aunque resulte su lógica consecuencia: los políticos han acabado por desentenderse completamente de los ciudadanos. Hasta no hace mucho nuestros tribunos hacían méritos para convertir la política en espectáculo, y trataban al público con mayor o menor respeto, deseosos de atraerse su atención. Devaluación de la política orientada al circo mediático, sí, pero al menos se nos consideraba espectadores. Ahora ni eso: van directamente a lo suyo, sin que les importe nada lo que pueda pensarse de ellos. No hay actuación, ni representación, ni discurso, ni les preocupa enseñar sus vergüenzas: solo es visible el nerviosismo de no fallar la ocasión, la ambición de conseguir el propio objetivo, sea cual sea, sea como sea. Algunas escenas recientes en el Parlamento de Navarra dan buena fe de ello.

La voluntad popular una vez finalizado el recuento de las urnas es sustituida por la voluntad caprichosa de los políticos, sin un mínimo esfuerzo por fabricar una narrativa coherente siquiera en apariencia. El PSN estuvo descolocado toda la legislatura anterior, marcando distancias tanto con el cuatripartito como con la oposición de UPN y PP, pero coincidiendo a la hora de la verdad con estos en la mayor parte de las cuestiones y votaciones. El PSN no ha estado en el gobierno sino en la oposición, pero lo fiaba todo a una nueva mayoría aritmética, sin Bildu ni el centroderecha, donde los socialistas quedaran por delante de Geroa Bai. El efecto Sánchez logró lo segundo, pero el propio lastre del cuatripartito impidió lo primero. Barkos no contaba ni con lo uno ni con lo otro. Esperaba que el hundimiento de Podemos beneficiase a otras fuerzas del cuatripartito. Que no haya sucedido así prueba el fracaso de un gobierno que no ha sido capaz de capitalizar el liderazgo de Barkos al frente.

La única apuesta de Barkos fue el cuatripartito por lo que resulta incoherente su súbita defensa de las bondades de un nuevo gobierno plural y diverso. No es un problema para Geroa Bai el apoyo de Bildu, aunque PNV y Bildu tensen la cuerda en Euskadi. Hubiera sido un logro de Geroa Bai, y una aportación a la democracia, que después de cuatro años de convivencia hubiese arrancado de Bildu una condena expresa de la violencia ejercida por ETA y una petición expresa de perdón a las víctimas. Esa asignatura continúa pendiente. No se ha podido o no se ha querido hacer. Lo que les une en Navarra es mayor que lo que les separa. Pero mientras no se exija y se dé ese paso no se puede normalizar democráticamente a los herederos políticos de ETA. El PSN debería saberlo y actuar en consecuencia. El socialismo no se atrevió en tiempos de ofensiva terrorista a ilegalizar a HB, aunque esa medida se demostró luego eficaz para la deslegitimación social de la violencia y el proceso de pacificación. ¿Querrá ahora exigir este nuevo paso necesario antes de pactar directa o indirectamente con Bildu?

El PSN sigue adelante porque no cuenta con otro guión, aunque la puesta en escena le deje en evidencia, sobre todo cuando la cuestión navarra ha vuelto a situarse en el centro del debate político español. Su lema de ‘gobierno de progreso’ puede resultar más que simple, irritante. El PSE ha acudido a su socorro argumentando que sólo el PSN es capaz de gestionar la diversidad de Navarra y que por esa razón que gobiernen los socialistas navarros es una ‘cuestión de Estado’. Semejante afirmación, pretendiendo dar la vuelta al argumento de quienes invocan igualmente la razón de Estado para forzar a Sánchez y al PSN a pactar con Navarra Suma, exige mayores desarrollos. Los socialistas navarros callan, bien porque el futuro de la política navarra pasa realmente por Bilbao, no únicamente en el campo nacionalista, bien porque el PSN anda muy ilusionado y ocupado en el inmediato reparto de cargos, sin preocuparle lo fundamental. La coherencia sigue siendo un criterio cualitativo de validación apreciable en política, pero, por mucho que parezca hoy una minucia en la política española, la lógica de los números también cuenta: poco podrá exigir el PSN a Bildu desde el gobierno cuando la estabilidad de ese posible gobierno dependerá de Bildu. Es imprescindible avanzar en la nueva política sin ETA, pero debe hacerse sin instrumentalización ni olvido de sus víctimas, sin mixtificaciones ni atajos, si se quiere realmente avanzar en la construcción de una nueva narrativa y de un nuevo marco de relaciones políticas en Navarra.

Juan María Sánchez-Prieto Profesor de Sociología de la Universidad Pública de Navarra y miembro de Sociedad Civil Navarra




Carta a mi amigo socialista

Buenos días, amigo. Presiento que no será ésta la última carta que te escriba. Vuelvo a Pamplona después de un corto viaje por Europa. Dejé Navarra con los ecos de los resultados de las elecciones forales, municipales y europeas. Reciente la publicación de informaciones sobre las negociaciones con Eta de los enviados por el Gobierno de Rodríguez Zapatero que recomendaban a los delegados de la organización terrorista ir poco a poco en sus pretensiones anexionistas de Navarra, “una seducción de manera suave”, dijeron.

Había expresado en estas mismas páginas mi deseo de unos gobiernos constitucionalistas en España y en Navarra. Era un deseo. La realidad es que los seis votos del PNV que Sánchez necesita para conseguir la presidencia del Gobierno de España han pesado más que los dos que ofreció UPN.

Recuerdo que te lo dije antes de partir y tú me aseguraste que de ninguna forma se cruzaría la línea roja de la negociación con EH Bildu. Tu compañero Ábalos dijo más: “Ni por activa ni por pasiva.” Es decir ni con sus votos ni con su abstención. Yo no me lo creí y el tiempo me va dando la razón.

Pero quiero contarte algo de mi viaje. Estuve en Atenas, la cuna de la cultura europea y pude ver el expolio colonial que, fundamentalmente, los británicos, hicieron del patrimonio arqueológico de ese país. Una expropiación cultural en toda regla. Pero no solo la guerra. He estado en Salande, Albania. Son ostensibles las huellas de casi 50 años de comunismo que confió su desarrollo únicamente a la agricultura y la minería. Hoy, mientras el mundo afronta la cuarta revolución industrial, siguen con el 35% de paro, con el 58% del empleo en la agricultura y con la tercera parte de su población migrante en el extranjero.

Pasé también por Dubrovnik en Croacia. Ankita, la guía que nos enseñó la ciudad tenía 23 años en 1991 cuando los nacionalistas serbios bombardearon el abigarrado casco antiguo, de calles y casas comprimidos en un recinto amurallado patrimonio de la Unesco. Se refugió allí con su familia pensando en que esa declaración del organismo de la ONU les protegería de las bombas. No fue así. Esperaron inútilmente durante mucho tiempo el auxilio de Europa, que tampoco se produjo. Solo la tardía reacción estadounidense puso fin al conflicto de miles de muertos. Nos dijo que los croatas no olvidan. Otra vez la guerra, el nacionalismo identitario, segregador dando paso a la tragedia. No hay que olvidarlo tampoco.

Ankita me enseñó a decir gracias en croata: “Hvala”. Hvala por mostrarnos los estragos que la fiebre nacionalista causó en tu ciudad y arruinó tu juventud. Ochocientas bombas cayeron en un solo día en un espacio más reducido que nuestra Parte Vieja pamplonesa. A pesar de tu exiguo sueldo, nos mostraste tu alegría por vivir en paz, porque tu hijo de 23 años, los mismos que tu tenías durante el bombardeo de 1991, ha conseguido aprobar tercero de Matemáticas en la Universidad y le espera un futuro sin guerra.

Y con estos recuerdos regreso a Pamplona. La encuentro como la dejé, en medio de los rifirrafes dialécticos y políticos. A punto de comenzar las negociaciones de tu partido para la formación de gobierno que de forma más que pretenciosa llamáis ”de progreso”, como si Europa no supiera el progreso que le han traído nacionalistas y comunistas. En mi ausencia se ha formado la Mesa del Parlamento. Con la presencia en la misma de EH Bildu. La formación de Barrena, condenado por pertenencia a Eta; la de Abaurrea, que no fue capaz de condenar el asesinato de su compañero de Corporación, Tomas Caballero; o de Adolfo Araiz, uno de los impulsores de la ponencia que propugnó la “socialización del sufrimiento” o lo que es lo mismo los asesinatos de civiles por Eta. Los mismos a los que ahora se les llena la boca defendiendo una Navarra “plural y diversa” y que anteayer calificaban de provocadores a los constitucionalistas que se manifestaron en Alsasua o Etxarri Aranaz siendo insultados y perseguidos por sus huestes. ¡Que desvergüenza! Y están en la Mesa a pesar de lo que me dijiste y dijo Ábalos, recuerda, “ni por activa ni por pasiva”. Y me dices que no ha habido pacto. Hubo el compromiso del PSN de pactar con Geroa Bai la presidencia si no entraba Bildu en la Mesa. No hubo foto de la negociación pero todo el mundo entendió, bueno, casi todo el mundo, que la intermediación de Geroa Bai entre el PSN y Bildu propició la elección del presidente. Hubiera sido coherente exigir a Geroa Bai que no permitiera el acceso de Bildu si quería obtener el apoyo socialista para Unai Hualde. Pero el órdago de Barkos y, supuestamente la presión del PSOE de Sánchez, torcieron la frágil voluntad de Chivite. No hubo foto, pero “el pacto del corre-pasillos” es evidente. Al fin y al cabo, el objetivo ya lo verbalizó Ramón Alzórriz por duplicado: “El Partido Socialista lo que quiere es la presidencia del Gobierno de Navarra”.

Me dices que si hubiese habido un acuerdo de socialistas con Navarra Suma, EH Bildu también hubiese conseguido entrar en la Mesa. Y es cierto, pero no es lo mismo. En el fondo, la elección de Maiorga Ramirez es irrelevante políticamente si existiera un pacto de mayoría constitucionalista. Lo determinante es que la elección se debe a una imposición de Geroa Bai al Partido Socialista que marca la dinámica que va a presidir la legislatura: Bildu presenta sus exigencias a Geroa Bai, quien las traslada al Partido Socialista, que necesitará aceptarlas si Chivite quiere continuar en la presidencia. Nunca se ha visto que el independentismo deje de cobrar sus apoyos, en A o en negro.

Llegados a este punto vuelvo a recordar las palabras de mi guía croata. “No sé cómo pudimos llegar a matarnos unos a otros, éramos un país culto, económicamente desarrollado y socialmente integrado a pesar de la diversidad”. Yo pensé: se llega a la guerra por aupar a líderes que siembran odio y segregación étnica o cultural, que predican identidades excluyentes, que terminan convirtiéndose en identidades asesinas. Paso a paso, buscando aliados coyunturales, con paciencia que diría Pujol, sin prisa, pero sin pausa.” Una seducción de manera suave”.

José Ramón Ganuza Periodista y miembro de Sociedad Civil Navarra




Ante una cita electoral histórica

Este domingo los navarros tenemos una cita trascendental con las urnas. Tenemos que elegir a nuestros representantes municipales y a los parlamentarios forales que determinarán quién ostentará la presidencia del Gobierno durante los próximos cuatro años. También elegiremos a los eurodiputados que nos representarán en las instituciones europeas en unos momentos críticos para el futuro de la Unión Europea asediada por el Brexit británico y por los populismos y nacionalismos disgregadores. Tenemos una gran responsabilidad histórica como ciudadanos.

Después de cuatro años de Gobierno cuatripartito, de marcado acento nacionalista, que ha pretendido imponer sus señas de identidad a toda la ciudadanía navarra, tenemos que decidir si queremos que continúe esa política o, por el contrario, reconducirla hacia la defensa de Navarra como Comunidad propia, inclusiva de todas las identidades culturales, políticas y sociales que se dan en su seno.

Sociedad Civil Navarra apuesta por que el próximo Gobierno se sustente en el acuerdo, el consenso y la concordia, no en la exclusión. Un Gobierno que no ponga en marcha políticas de identidad uniformadoras a través de una extensión artificial del euskera que vaya más allá de la realidad lingüística actual y que conduzca a construir de forma soterrada una futura frontera social y geográfica.

Queremos un Gobierno que apueste sinceramente por dos de las grandes infraestructuras de Navarra: Tren de Alta Velocidad y Canal de Navarra. Una política tributaria que no ponga a Navarra en inferioridad de condiciones con relación a otras Comunidades, en definitiva, un Gobierno que apueste por el desarrollo económico y la creación de riqueza como garantía del bienestar social.

Sociedad Civil Navarra defiende una Navarra integrada en España y en Europa. Por lo tanto queremos, un Gobierno que cumpla con el espíritu y la letra del Régimen Foral, de la Constitución Española y de los Tratados de la Unión Europea. Una acción de Gobierno en la que quepamos todos, sin tensiones ni violencias, sin imposiciones, y con la única diferencia de nuestras respectivas posiciones políticas y sociales.

Europa vive hoy momentos difíciles. La Unión se ve amenazada por el Brexit y por los nacionalismos localistas que buscan sustituir la actual organización, basada en una Unión de Estados, por lo que llaman la ”Europa de los Pueblos”, una denominación que esconde la voluntad de constituir una asociación de más de un centenar de pequeños países que harían ingobernables las instituciones europeas. Otra gran amenaza proviene de los populismos de uno y otro signo, que hacen denodados esfuerzos por boicotear las instituciones hasta conseguir su anulación. Por ello, desde Sociedad Civil Navarra queremos hacer también un llamamiento a participar en las elecciones al Parlamento Europeo. Hay quien puede pensar que Europa es una realidad lejana, pero lo cierto es que el proyecto europeo nos ha dado el mayor periodo de paz que ha disfrutado Europa y ha creado prosperidad económica y social, incluso, más allá de sus fronteras por sus continuas actuaciones solidarias.

Es por la continuidad de todos estos logros por lo que votamos este domingo. Cada voto decide y contribuye a marcar el rumbo del presente y el futuro de nuestras vidas.

José Ramón Ganuza, Elena Sola, Joaquín Sagüés, Antonio Purroy, Jesús Irurre, Marian San Martín, Rafael Arellano. Miembros de Sociedad Civil Navarra




La gran peste del siglo XXI

A lo largo de la historia ha habido grandes pestes que han golpeado a la humanidad, pero ninguna ha sido tan dañina y duradera como el hambre existente hoy en el mundo.

Se considera que la peste negra ha provocado las pandemias más letales. Producida por la bacteria Yersinia pestis afectó a Europa a mediados del siglo XIV, causando la muerte de unos 25 millones de personas, un tercio de la población europea de la época. Aunque sigue estando presente en algunas regiones pobres del planeta es menos grave que el drama que suponen unos 700 millones de personas hambrientas en situación de extrema pobreza, que se traduce en unas 35.000 muertes diarias, muchas de ellas de niños de corta edad.

Al mismo tiempo, existen tantas personas obesas como hambrientas, de forma que la obesidad es una nueva enfermedad de los países ricos.

Aunque es loable que en estas últimas décadas haya descendido la hambruna en el mundo, las muertes por hambre siguen siendo una vergüenza para la humanidad y más cuando se da la paradoja de que producimos muchos más alimentos de los necesarios. Cada español tira unos 170 kg de comida al año y, en el conjunto del planeta, se desperdician unos 1.300 millones de toneladas anuales. Producimos un 60% más de lo que necesitamos pero existen fallos en el acceso de los alimentos.

El hambre tiene una relación directa con la seguridad alimentaria y, por supuesto, con la seguridad mundial. Del hambre nacen todo tipo de conflictos -sociales y bélicos- y la gran corriente migratoria por razones económicas hacia los países ricos, pues al hambre se llega desde la pobreza. El hambre constituye el caldo de cultivo de la violencia y, aunque no es contagiosa, sí es muy peligrosa.

Los mercados agrarios tienen mucha culpa de lo que sucede. La gran crisis económica mundial del 2008 acarreó una fuerte crisis alimentaria provocada por la entrada especulativa de grandes fortunas en el mercado de los alimentos, el mercado de futuros. Los ricos haciéndose más ricos a costa de los pequeños productores agrarios. Por algo la producción de alimentos es estratégica en el mundo.

La producción de alimentos agrarios en el planeta tendría que estar regida por la sostenibilidad medio-ambiental, la biodiversidad de especies y de razas, el equilibrio y la ética, pensando siempre en que los alimentos sean saludables para las personas y que se produzcan cerca de los lugares de consumo. Es penoso que hoy utilicemos, sobre todo, unas 150 especies vegetales frente a las más de 7.000 que se han empleado a lo largo de historia y sólo 4 de ellas -trigo, arroz, maíz, patata- aporten el 60% de nuestra dieta calórica de origen vegetal.

Si tenemos un derecho humano prioritario este es el del acceso a la comida porque sin él no existen los demás. Nos tendríamos que movilizar aunque solo fuera por egoísmo inteligente pues, sin seguridad alimentaria, no habrá paz en el mundo. Erradicar el hambre en el mundo no es una opción, es una necesidad imperiosa que nos atañe a todos si queremos tener futuro.

Esta erradicación pasa forzosamente por ayudar en el desarrollo y en el progreso de los países pobres y, especialmente, en que se instauren sistemas de gobernanza democráticos y el respeto a la libertad. Para ello, hacen falta muchos medios, con mucha formación y acompañamiento, justo lo contrario de lo que se está haciendo ahora donde se acude a las regiones pobres del planeta para explotar sus recursos naturales. Grandes multinacionales compran enormes superficies de las mejores tierras para su explotación agraria y se corrompe a las élites políticas a cambio de favores que esquilman la forma de vida de los nativos.

Estas medidas solo pueden ser implementadas in situ con ayuda de gobiernos democráticos responsables e instituciones internacionales competentes, presionados por la sociedad civil que debería convertir este grandísimo problema en un clamor de reivindicación social.

¿Y qué pasará cuando en 2050 haya previsiblemente 10.000 millones de personas en el mundo? Entendemos que se producirán alimentos suficientes para todos, el reto será que tanto el aprovechamiento como el acceso a los mismos sean eficientes en todos los rincones del planeta. El incremento de la producción estará basado en la mejora de la tecnología de los sistemas de producción (80%) más que en el aumento de las unidades productivas (nº de hectáreas y de cabezas de ganado; 20%). Tendrá que haber un cuidado exquisito con la preservación del medio ambiente, pues el cambio climático ya ha llegado y con intención de quedarse. Este es el otro gran problema que además lleva aparejado el hambre en el mundo.

Antonio Purroy Unanua Catedrático de Producción Agraria y miembro de Sociedad Civil Navarra




No hay respuestas sencillas

El Diccionario Filosófico de José Ferrater Mora define la “Navaja de Ockam” como un principio de pensamiento (de “economía de pensamiento”) tal que, entre dos posibles explicaciones de una realidad, proceso o fenómeno, obliga a elegir siempre aquella que se valga de una menor cantidad de conceptos o, en otros términos, hay que elegir la explicación más simple. Esto no implica que todos los fenómenos o procesos tengan soluciones o explicaciones sencillas, sino que es una invitación a no complicarse mas de lo necesario. En su formulación latina el principio reza “Entia non sunt multiplicanda praeter necesitatem” (Las entidades no deben aumentar más de lo necesario). Conviene añadir que las explicaciones tampoco deben simplificarse más allá de lo conveniente, es decir, no hay que ir tan lejos que la explicación acabe siendo una simpleza.

La simplificación degenerada en simpleza es quizá el más viejo de los vicios de la nueva política española. También de la vieja, que en esto son parecidos los recién llegados y los de rancio abolengo. Curiosamente, cuando se habla de los peligros que corre la democracia, o de los enemigos de la democracia, no se suele hablar de ello. Se habla de los populismos, de las “fake news”, sin reparar en que para que todo esto opere, es necesario haber modulado la mente del consumidor de política para que se sienta satisfecho con material de baja calidad. Es el mercado del “fast-food” ideológico, en el que el producto se monta como si fuera comida basura: en cadena y a buen precio, atractivo y de fácil masticación.

Las respuestas simples a problemas complejos tienen un poder adictivo terrorífico. Son rápidas, cerradas, estables, reconocibles, reproducibles y transmisibles. Responden bastante bien al concepto de “meme” acuñado por Richard Dawkins. Son capaces de cumplir el deseo de aquel rector de la catalana Universidad de Cervera, que deseaba alejar de sí “la funesta manía de pensar”. La manía de pensar es costosa en todos los términos concebibles. Lleva tiempo, exige tener voluntad de recabar información previa, es hasta cierto punto impopular (prueben ustedes a contraponer un argumento bien trabado al graznido del que más chifla en la cuadrilla, que suele ser el más gañán, y verán a que me refiero). Pensar, además, genera incertidumbres y, en general, le pone a uno en contra de la corriente dominante, eso que los enterados llaman el “mainstream”, y que viene a ser la tendencia lanar a ir todos juntos en rebaño.

Otra cuestión de interés es lo manejables que resultan estas respuestas. No se puede comparar, por ejemplo, la comodidad de decir “España nos roba” y con eso dar por resuelta la cuestión catalana, a la incomodidad de leerse o manejar informaciones detalladas sobre cuestiones económicas y financieras para las que la mayoría no estamos capacitados (cabe aquí invocar la capital importancia de un periodismo de calidad). Todavía recuerdo con vergüenza haber oído a algún energúmeno despacharse durante los años de plomo a la voz de “todos los vascos son etarras”, burrada que solía ir indefectiblemente seguida de un pretencioso “yo eso lo arreglaba en dos días”.

Lo manejable y atractivo de estas respuestas ha encontrado su complemento ideal en los nuevos métodos de difusión de la información, predominantemente aquellos que favorecen la viralidad, es decir, la transmisión a escala geométrica, con las redes sociales a la cabeza. No es cuestión de acabar como menonitas de la estricta observancia, leyendo solo la Biblia y deambulando en carruaje, pero sí de ser conscientes de que la involución argumental y la revolución tecnológica se retroalimentan mutuamente. Juntas, tienen poder suficiente para acabar con la democracia. Ya lo han hecho en otras tesituras históricas, y yo personalmente no soy de los que cree que Europa esté inmunizada frente a tiranías o guerras.

En este contexto, resuenan como plenamente actuales las palabras del alegato final de Albert Speer en Nuremberg: “La pesadilla de muchos de que un día las naciones podrían ser dominadas por medios técnicos se hizo realidad en el régimen totalitario de Hitler. Hoy día, el peligro de ser aterrorizados por la tecnocracia amenaza a todos los países del mundo. Por lo tanto, cuanto más tecnológico se vuelve el mundo, más necesaria es la promoción de la libertad individual y la conciencia individual de uno mismo como un contrapeso”.

Speer, que había sido Ministro de Armamento del tercer Reich, sabía perfectamente de qué estaba hablando.

Alfredo Arizmendi Ubanell Licenciado en Medicina y Odontología




Dos grandes naciones que defienden la tauromaquia

Nadie pretende que todos los españoles amen la tauromaquia ni que todos los franceses la defiendan. Cualquier demócrata español o francés tendría que estar en contra de que se prohíban los espectáculos taurinos como proponen antitaurinos, animalistas y populistas, a menudo, con violencia.

La tauromaquia constituye la reencarnación de esa obsesión fundamental de las civilizaciones mediterráneas, el enfrentamiento del hombre con un animal temible, plasmada en un mito también fundamental: el de la lucha entre Teseo y el Minotauro en sus vertientes apolínea -la victoria de la inteligencia sobre la bestialidad- y dionisíaca -la complicidad para crear belleza con un animal indómito e imprevisible-.

Tiene que llamar a la reflexión que dos grandes países de la Unión Europea, España y Francia, democráticos y solidarios, con unas economías desarrolladas, permitan espectáculos donde los hombres y los animales juegan con la vida y con la muerte, acompañados de la emoción y del arte. Por ello, no se entiende que en ambos países la tauromaquia esté cuestionada, aunque sea perfectamente legal. En Francia está permitida “allí donde exista una tradición ininterrumpida” (1951), que coincide con el tercio sur del país, cuyo carácter legal fue confirmado por una decisión del Consejo Constitucional (2012). En España es legal en todo el territorio nacional, incluida Cataluña. Además, está aprobada la ley 18/2013 en la que se regula la tauromaquia como Patrimonio Cultural español.

La práctica de la tauromaquia disfrutó de una gran expansión a partir de los años 70 del pasado siglo, hasta alcanzar su clímax en 2007. En ese año se celebraron en España 3.637 festejos de lidia en el ruedo, cifra jamás antes alcanzada. La crisis económica ha supuesto un gran varapalo aunque ahora se esté produciendo un repunte. En 2017 se celebraron en España 1.553 festejos de lidia y 18.357 espectáculos populares, cerca de 20.000 en total. ¿Alguien puede creer que esta realidad taurina se puede borrar de un plumazo en España? ¿Qué pasaría con los 1.700 festejos taurinos que se celebran cada año en Francia?

¿Qué hacer para que la gente no abandone los tendidos o para que los jóvenes vayan a los toros? No puede ser consuelo que otras muchas actividades estén soportando la presión social en su contra como la caza, la pesca, el circo… e, incluso, un aspecto tan aberrante como el ataque a la producción animal, que es la responsable de la existencia de alimentos de origen animal tan necesarios para la alimentación y la salud humanas.

Tenemos que convencernos de que la emoción es consustancial a la fiesta de los toros. En los toros “el arte sin emoción no es arte”. Por la puerta de toriles tiene que salir un animal íntegro, con trapío, bravo y con fuerza, que después de pasar por una suerte de varas bien realizada, quede un toro con una nobleza encastada que permita realizar al torero una faena de muleta artística y con emoción.

La emoción es la que también mantiene vivos los festejos populares de encierros y capeas por calles y plazas, y ha hecho que cada vez tengan más aceptación. El riesgo, la autenticidad y la belleza es lo que ha hecho crecer la tauromaquia popular en ambos países.

También es necesario dar protagonismo a los aficionados que luchan por la defensa de la fiesta. En este campo, la tauromaquia francesa l999e ha sacado ventaja a la española, pues desde hace dos o tres décadas los aficionados franceses han tomado un fuerte protagonismo en la organización y supervisión de los festejos por petición de los propios ayuntamientos de las ciudades taurinas. La colaboración estrecha entre las dos aficiones es una obligación para el éxito de la tauromaquia.

Es el momento de considerar el gran valor cultural de la tauromaquia pues se ha hecho presente en todas las artes. Son muy numerosos los artistas que han escrito sobre cualquier aspecto de la tauromaquia (Hemingway, Cocteau, Leiris, Gª Lorca, Bergamín, G. Diego, Cela, Vargas Llosa…) y han plasmado en lienzos escenas relacionadas con la misma (Goya, Manet, Fortuny, Zuloaga, Picasso, Botero, Barceló…), sin olvidar la escultura (Benlliure, Gargallo, Venancio Blanco, Lozano…), la música, la arquitectura, el cine, la moda…

El gran reto de la cultura taurina sería el conseguir que la UNESCO declarara a la tauromaquia Patrimonio Cultural Inmaterial de la humanidad, por lo que la unión de España y Francia en la defensa de la fiesta es fundamental. Existen dos organismos en estos países, la Fundación del Toro de Lidia y el Observatoire National des Cultures Taurines, que deben trabajar conjuntamente en la consecución de este objetivo.

Antonio Purroy Catedrático de Producción Animal

François Zumbiehl Docteur en Anthropologie Culturelle




El año de la bici

Si 2018 fue el Año del Perro en el calendario chino, sin duda para los pamploneses quedará señalado en su calendario mental como el Año de la Bicicleta. El controvertido carril bici de Pío XII será, por derecho propio, la impronta más visible del paso del Ayuntamiento cuatripartito en el paisaje urbano de la ciudad. El llamado Plan de Amabilización del centro de Pamplona, destinado a priorizar a los peatones y a los ciclistas a través de la creación de nuevas calles peatonales, la ampliación de algunas aceras y el mencionado carril bici, ha sido el proyecto urbanístico estrella de la legislatura.

La extraordinaria campaña de marketing impulsada desde el Ayuntamiento para vender el proyecto de Pío XII, además de pasar de puntillas por el elevado coste económico del mismo, ha tenido también la habilidad suficiente para disimular y quitar el foco de un aspecto clave para cambiar el modo de transporte en la Pamplona del siglo XXI: si la Administración municipal restringe la movilidad personal motorizada, el coche, entonces tiene que ofrecer soluciones de transporte colectivo y no solo vehículos alternativos de movilidad individual como son la bici y el patinete.

Los argumentos que sostienen esta afirmación son contundentes en el caso de Pamplona. De entrada, invitan a pensar que los plácidos paseos en bicicleta del concejal Armando Cuenca no han alcanzado todavía los polígonos industriales de la Comarca de Pamplona, en su mayoría dedicados a esa industria que tanto bienestar aporta a nuestra Comunidad, el sector de la automoción, que da empleo a casi 16.000 personas.

Las bicis y los patinetes no son una solución, en la práctica, para los miles de trabajadores de los polígonos de la periferia de Pamplona (Agustinos, Landaben, Talluntxe, Arazuri-Orcoyen, etc.), donde la carencia de un transporte público eficiente obliga a que las empresas más grandes (Volkswagen, Kayaba) asuman el coste y la gestión de los autobuses. Capítulo aparte son las graves deficiencias en la iluminación y en la pavimentación de los viales que transitan dichos polígonos. Ninguna Administración pública toma cartas en el asunto y son las personas que circulan diariamente por estos polígonos de la Comarca de Pamplona, en muchas ocasiones en horarios intempestivos, quienes acusan estos problemas.

Tampoco parece que bicicletas y patinetes cubran las necesidades de aquellos ciudadanos que necesitan recorrer la ciudad en un tiempo razonable (por ejemplo, llevar a los niños al colegio cada día o trasladar a un enfermo crónico a la zona de hospitales para su tratamiento diario) o que, sencillamente, necesitan salir de Pamplona en coche porque su actividad laboral se desarrolla en localidades cercanas como Vitoria, Logroño o San Sebastián y no existe una adecuada red de trenes de cercanías que cubra dicha necesidad (por cierto, ¿para cuándo el TAV?).

No nos podemos olvidar de un colectivo especialmente necesitado de unas soluciones de transporte accesibles: los pamploneses con problemas de movilidad motora o sensorial. La propia ubicación geográfica de la ciudad, en lo alto de una meseta, con una importante presencia de barrios periféricos y de municipios aledaños, supone una evidente dificultad añadida para el desplazamiento hasta el centro de la ciudad, con su vertiente de aislamiento y hasta de discriminación respecto a los barrios del centro.

Otro aspecto importante que penaliza la utilización de bicicletas y patinetes de modo diario y continuado es, sin duda, la edad. Pamplona no es una excepción en el patrón de envejecimiento paulatino de la población. Si atendemos a la estructura de edad del municipio de Pamplona, y de acuerdo con el censo de 2017, sobre una población de 197.000 habitantes, aproximadamente 66.000 pamploneses superaban ya los 55 años.

En definitiva, las bicis y los patinetes han venido para quedarse y bienvenidas sean para reducir la contaminación y mejorar la relación del ciudadano con su entorno urbano, pero no son la respuesta para los desplazamientos colectivos de los pamploneses. Gracias a nuestros impuestos, los políticos y las Administraciones públicas (Ayuntamiento, Mancomunidad de Pamplona, y el propio Gobierno de Navarra) deben trabajar de modo coordinado y eficaz para ofrecer soluciones de transporte eficaces, baratas y accesibles que ayuden a mejorar la vida diaria de las personas. A la vista de lo aquí expuesto, ¿la llamada legislatura del cambio ha trabajado en esta dirección respecto a la movilidad urbana en Pamplona?

Elena Sola Zufía Licenciada en Filosofía y Letras y miembro de Sociedad Civil Navarra.




Davalor y el valor de las palabras

Meses antes de la quiebra del banco Lehman Brothers, los humoristas John Bird y John Fortune interpretaron un brillante diálogo satírico en el que daban un repaso memorable al modo de proceder de la economía especulativa. El diálogo es divertidísimo e inteligentísimo, y cuenta verdades como puños. Verdades de entonces y también de ahora.

En un determinado momento, Mr. Bird, que interpretaba a un especulador, explica cómo un montón de deudas hipotecarias de alto riesgo (textualmente “firmadas por un desempleado negro en camiseta sentado en un porche en ruinas de Alabama”) se empaquetan y convierten en un “Vehículo de Inversión Estructurado”, y cómo, a pesar del riesgo, la gente compra esos fondos porque tienen buenos nombres. Por buen nombre, explica Bird, no se entiende nada relativo a reputación, sino que han sido bautizados con nombres tales como “Fondo Estructurado Mejorado de Alta Gama”.

“Suena bien”, dice Bird. “Suena fiable”, añade. Y remata “Si se hubiera llamado Fondo del Desempleado Negro la cosa quizá sería distinta”.

Vivimos en la era de la imagen. No de la mera imagen visual, sino más bien de la imagen global (la “marca” en sentido amplio), que de sí mismas construyen empresas y personas, y que implantan en la mente del consumidor. El marketing se ha sofisticado hasta generar subdivisiones como el “packaging” (envolver el producto en cuestión para que resulte más atractivo) o el “naming” (poner al producto un nombre adecuado). Lejos quedan las rudimentarias artes de un León Salvador, aunque no su espíritu: vender, vender y vender.

En lo de bautizar cosas con nombres apabullantes el mundo empresarial y financiero no va rezagado. Imaginemos que un asesor bancario nos hubiera ofrecido comprar “deuda subordinada”. Deuda suena mal, y subordinado ni les cuento, así que quizá nos lo hubiéramos pensado dos veces. Sin embargo el mismo asesor ofreció “participaciones preferentes” y la cosa, como decía Mr Bird , fue distinta. Participar está muy bien (dicen que es lo importante) y tener preferencia siempre ha sido una maravilla. En su momento lo que se vendió a un montón de confiados ahorradores fue lo primero, pero bautizado como lo segundo, y explicado de mala manera, con las consecuencias que todos conocemos.

Más cerca de nosotros, el caso Davalor es buena muestra de lo que cuento. ¿Cómo se va a negar uno a contribuir al equity crowdfundig de una start up que presenta tecnologías disruptivas y secretas con un enorme potencial de beneficios a futuro? Reconozco que debe de ser difícil resistir los cantos de sirena… sobre todo si la canción tiene versitos en inglés y se acompaña del tintineo de los beneficios. Imaginemos que la cosa se hubiera presentado como “pasar la gorra para recaudar fondos que financien una nueva empresa cuya actividad no se sabe muy bien cómo va a acabar, aunque promete hacerse con todo el mercado mundial en su campo”. Si la presentación comercial invitaría a jugárselo todo, la verdad desnuda recomienda ser cautos.

Cuando la Administración pretende sustentar el proyecto, la cautela, por arriesgar dinero público, debe multiplicarse exponencialmente. Además, al menos en teoría, la Administración cuenta con técnicos sobradamente competentes para realizar una evaluación de riesgos mucho más precisa y orientada que la que pueda llevar a cabo un particular, que muchas veces no cuenta mas que con su intuición y su experiencia. Aun así, son muchos los casos en que una decisión política ha contravenido las más elementales normas de cautela y prevención (recuerden el escándalo Elf Aquitaine), muchas veces contra el criterio técnico, y con la estúpida pretensión de que el supuesto beneficio “no se lo lleven otros”.

Las últimas noticias sobre Davalor abundan en lo relatado. Técnicas de Sodena afirman que las previsiones de negocio “no eran realistas” (ecos del cuento de la lechera, eufemismos para decir que eran un despropósito), y que “si la maquina hubiera tenido aceptación comercial hubiera sido un éxito” (una tautología elevada a la categoría de argumento porque ¿puede algo ser un éxito sin aceptación?). El promotor, mientras, se dolía hace poco de no haberse llevado el proyecto a Estados Unidos, donde supone que le hubiera resultado más fácil llevarlo a término (como si los Estados Unidos fueran primera potencia mundial por andar firmando cheques en blanco), y sigue blandiendo la presencia de un misterioso “gran inversor” que (¡ay!) o no acaba de llegar o cuando llega se pone a hacer preguntas.

Las mismas preguntas que, de manera clara y con respuestas precisas, sin rodeos, sin tautologías, sin nubes de humo, debemos hacernos los particulares, y por supuesto debe hacerse la Administración cuando se trata de manejar nuestros recursos.

Alfredo Arizmendi Ubanell. Licenciado en Medicina y Odontología